Fabricio Estrada

"Traficamos con inmundicias y podredumbre. ¡Toda nuestra vida social, tan floreciente, se basa en una mentira atroz!! (Henrik Ibsen)

En Honduras siempre hemos vivido bajo un Estado de Sitio. Las calles de nuestras ciudades se evacuan a las 7:00pm desde hace mucho. A partir de esa hora, los policías son los dueños de la oscuridad y por lo tanto, todos nos hemos educado en la conciencia de que es más peligroso encontrarse con una patrulla que con un delincuente tipificado.

Sabemos también, que las grandes concentraciones políticas son presupuestadas en millones que se reparten entre el pago de los proselitistas de base y su correspondiente alimentación. No existe concentración política sin el pago respectivo y de esa costumbre parten las acusaciones de que la Resistencia ha necesitado de pago diario para marchar. No pueden creer que exista la voluntad en el susodicho "pueblo" que por siempre los ha votado. Nunca ha existido voluntad en el proselitista: lo que ha habido son intereses bajos y vanales, visión de chambistas que sienten que la vida es plena por tener la cercanía circunstancial con el turco de turno.

La historia reciente que conocemos ha sido impuesta por los noticiarios y periódicos; el futuro no existe a menos que la palabra "patria" tenga un tipo representativo de sosiego, así como las ilustraciones que los Testigos de Jehová hacen del paraíso, con sus corderos y leones acicalándose mutuamente.

La normalidad que pretenden imponer los golpistas, no es más que la carnicería diaria de la delincuencia organizada por ellos mismos, la normalidad de devolverle a las primeras planas la muerte correcta y calculada para insensibilizar a la población.

La normalidad que aman es aquella donde los niños de la calle son atendidos por la preocupación insustancial de Ana María Villeda, la normalidad del desgaste y el esfuerzo inutil de cientos de miles de hondureños que harán de todo para superarse, esperando el anhelado aumento de sueldo, el ofrecimiento de trabajo digno o el reconocimiento social que nunca llega por la simple razón de que el sistema no tiene motivos para darle paso al merito que desnude a quienes por sucesión constitucional usurpan cada puesto, cada oportunidad, cada razón incuestionable.

En Honduras siempre hemos vivido bajo el Estado de Sitio que las familias árabes y misceláneos le impusieron a nuestra nacionalidad. Ellos imponen el Estado de Sitio y los traidores ladinos el Toque de Queda: estrategia y táctica a través de las generaciones.

En síntesis: hemos tenido siempre dos naciones: la de los turcos insensibles y la del pueblo llano ingenuo. Dos partidos políticos: los que prefieren oprimir con cadenas y los que prefieren hacerlo con cordeles de seda. Dos equipos de fútbol: los que llenan el bolsillo del represor Ferrari y los que llenan las arcas de los represores Atala. Dos proyectos de país: el de la selección nacional de fútbol y el de la oligarquía. Dos paisajes: el de las santas pinturas costumbristas de Velásquez y el de las playas con cayucos tímidos de Guillermo Anderson. Dos interpretaciones analíticas: la de la oveja clonada Renato Álvarez y la de la hiena de circo, el también híbrido César Indiasno. Dos pueblos: el de la policía y el del ejército. Dos santones del asco: el antropoide Wong Arévalo y el yeti caribeño Juan Ramón Martínez.. en fin, un país que le ha tocado convivir en el mismo vientre, como un feto expuesto al canibalismo intrauterino de su gemelo.

Todo aborto es terrible, pero hay ocasiones en que se debe afrontar. Sin duda.

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