Omar Rivera

Resolver un problema o una crisis obliga a las partes en conflicto a ceder, a sacrificar gran parte de sus intereses y a no dejar cabos sueltos que puedan ser caldo de cultivo para reeditar la confrontación; lo anterior no implica pensar que una justa negociación es hacer que los que participan en ella tengan que abdicar a sus fundamentales propósitos o que se adhieran a las intenciones y objetivos de sus contrapartes, para eso esta la guerra, donde el vencido acepta incondicionalmente la voluntad del triunfador.

En tal sentido, si pensáramos en una solución lógica a la crisis política de Honduras, sería ilógico pensar que José Manuel “Mel” Zelaya Rosales se tendría que someter a los designios de los golpistas o que la alianza político-militar-empresarial debe aceptar que el legitimo mandatario le de continuidad a su irreverente y desbocada conducta presidencial. Zelaya Rosales debe volver a la Presidencia de la República para desempeñarse en el marco de las facultades que le otorga la Ley, y las cúpulas políticas partidarias, las Fuerzas Armadas y la empresa privada, deben evitar complotar en contra del Estado de Derecho, aceptando que el soberano delegó la responsabilidad de gobernar a una persona que será sustituida por otra en noviembre próximo.

El presidente Zelaya Rosales debe cumplir su período si interrupciones y en disciplinado apego al mandato de Ley, y los que perpetraron el golpe de Estado deben velar que eso sea así, sin conspirar para romper nuevamente el orden constitucional o bloquear una necesaria reforma a nuestra Carta Magna.

Lo anterior, permitiría que los candidatos presidenciales relacionados al golpe de Estado, las juntas directivas de los partidos políticos, los lideres de las organizaciones empresariales, el alto mando militar y los miembros de la Unión Cívica Democrática, logren evitar lo que tantas veces denunciaron: la intención de Manuel Zelaya Rosales de perpetuarse en el poder. Porque esa fue la razón por la cual los golpistas ejecutaron todas las acciones previas la 28 de junio de 2009 y las nefastas ejecutorias del ultimo domingo de ese mes; los que planearon y ejecutaron el Golpe, justificaron en su momento, y hoy en día lo sostienen- que se actuaron de la forma en que lo hicieron para “evitar un mal mayor”, conceptualizando la amenaza como el continuismo de Zelaya Rosales en el poder y la instalación de una dictadura popular en el país.

Asimismo, Mel Zelaya lograría cumplir el período presidencial para el cual fue democráticamente electo y –en el marco de de lo dispuesto en la Ley- continuar traduciendo el clamor popular que pide una radical reforma constitucional a través de la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente. Los golpistas se quitarían de la mente la idea de que Zelaya Rosales se quiere quedar en el poder y este ultimo no le fallaría al pueblo abandonando tan noble y necesario proyecto de reforma constitucional. Porque esta claro, y así debió estar desde siempre, que la convocatoria a un plebiscito constitucional y la posterior instalación de una Constituyente, no implica que se interrumpa el periodo presidencial ni que se tengan que disolver la institucionalidad pública estatal.

Reitero, en esencia, con un acuerdo de este tipo, se habrán despejado los principales temores de la oposición a Zelaya Rosales y el pueblo hondureño podrá continuar con su proyecto reformista, ya que habría toma de posesión de un nuevo gobierno a partir del 27 de enero del 2010 y el proceso de reforma constitucional no se detendría. Se evitaría que Mel continuara en el poder más allá que su mandato legal y nadie conspiraría para evitar el cambio y la reforma del Estado hondureño.

Ahora bien, si esta solución no satisface a las partes habremos descubierto algo que muchos aseguran esta ocurriendo en realidad; por una parte se revelaría que las verdaderas intenciones de Zelaya Rosales eran quedarse en el poder y que los antagonistas a él, lo único que andaban buscando era evitar una reforma a nuestra Carta Magna que les quitara de tajo sus privilegios y canonjías.

Ni los que dudan que Manuel Zelaya se quiere quedar en el poder deben abandonar su lucha por defender al alternancia en poder, ni el Presidente debe abandonar su proyecto de reforma constitucional, ambas aspiraciones son justas y pertinentes.

El resultado de la negociación en curso pondrá las cosas en blanco y negro, o algo peor, podría también hacernos ver con absoluta refulgencia que los que a la luz del día se confrontan en la oscuridad de la noche se ponen de acuerdo, por ser lobos de la misma manada.

Posdata: Mucho se habla del rumor respecto a que Manuel Zelaya Rosales ha abandonado la idea de impulsar la instalación de una Asamblea Nacional Constituyente que redacte una nueva Carta Magna, lo que sin duda alguna lo haría abandonar la principal razón por la cual se impulso el movimiento popular que hoy lo respalda. Si esto fuese así, duro golpe sería al movimiento popular y a la Resistencia Nacional en contra del golpe de Estado.

Zambrano, MDC – 3 de octubre de 2009

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