MANUEL M. CASCANTE | TEGUCIGALPA

Con más de la mitad de su población sumida en la pobreza y el menor PIB per cápita del continente, la crisis política que vive Honduras desde el golpe de Estado del 28 de junio, o incluso antes, es lo último que necesitaba esta pequeña nación centroamericana. Para Amílcar Bulnes, presidente del Consejo Hondureño de la Empresa Privada (Cohep), «los indicadores económicos no nos hacen justicia. Honduras es un país desordenado, hay un 40 por ciento extra del PIB en el mercado informal que no se registra». La realidad es que la caótica política del depuesto Manuel Zelaya y las sanciones internacionales al Gobierno de facto de Roberto Micheletti han cerrado el grifo de la ayuda internacional al desarrollo, casi imprescindible para el funcionamiento del país.

Para el dirigente de la patronal, la crisis financiera internacional supuso un mayor impacto que «la crisis política, que comienza con las medidas económicas que pensaba aplicar Zelaya según el modelo de Hugo Chávez. Desde el 28 de junio sentimos que hay más confianza para la inversión en las nuevas instituciones; la productividad y la exportación se mantienen, la demanda de crédito interno ha crecido...». Sin embargo, Bulnes reconoce que «Honduras no resistiría ni una semana un embargo comercial».

«El plan del golpe lo arrancan los empresarios, los financieros y los mediáticos, suman a los políticos a medio camino y a lo último a los militares», denuncia Víctor Meza, ministro de Gobernación y Justicia con Zelaya. Mesa es uno de los autores de «Honduras: poderes fácticos y sistema político», un estudio donde se detallan esas «míticas» diez familias en cuyas manos descansan el poder político (con presencia directa en las instituciones) y económico del país: desde las telecomunicaciones y la Prensa a la industria farmacéutica o las cadenas de comida rápida, pasando por la banca, la producción de energía o los equipos de fútbol.

En realidad, son algo más de diez, pero tampoco muchas más: los Canahuati, Facussé, Wong, Ferrari, Andonie, Irias, Goldstein, Kafie, Maduro, Nasser, Faraj, Rosenthal, Larach, Katafi... Clanes, muchos de ellos, llegados desde Oriente Próximo a comienzos del siglo pasado que supieron prosperar entre los regímenes militares que llevaron las riendas de Honduras durante cincuenta años.

Tenderos árabes
La nueva burguesía modernizadora y tecnócrata, descendiente de los tenderos árabes, contribuirá a fines de los 80 a la democratización del país, reinstaurando a los dos partidos tradicionales: el Nacional y el Liberal. Los mismos partidos que, 70 años antes, defendían los intereses de la United Fruit Company y la Cuyamel, auténticas propietarias de aquella república bananera.

«Yo no he visto una oligarquía por ningún lado, ni que el país pertenezca a cinco familias -niega Bulnes-. Lo que yo he visto son cooperativas ricas. Honduras debe ser el país con más asociaciones gremiales de Centroamérica: en este Consejo hay 62, lo que supone alrededor de un millón de unidades productivas. Puedo nombrar decenas de empresarios que le pidieron a Zelaya que no hiciera lo que estaba haciendo, pero ni a uno que participara en un golpe. Se nos atribuye una capacidad de decisión que no tenemos: las decisiones las toman las instituciones, y nosotros las apoyamos o no».

Fuente: http://www.abc.es/20091005/internacional-iberoamerica/tierra-diez-familias-20091005.html

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