El ideario de Fidel Castro sobre América Latina, inseparable de su proyección antiimperialista y anticolonialista, es el hilo conductor de esta antología.

El lector podrá acceder al pensamiento sistémico y vivo de uno de los más relevantes líderes de las luchas de los pueblos del Tercer Mundo; un cuerpo conceptual que continúa y profundiza una tradición latinoamericana cuyos referentes fundacionales se asientan en Simón Bolívar y José Martí, y se enriquecen a través del diálogo con los contextos y realidades contemporáneas de Nuestra América.

CONTENIDO

Prólogo

El triunfo de la Revolución cubana interesa no solo a Cuba, sino a toda la América Latina

Discurso pronunciado el 5 de mayo de 1959 en la explanada de Montevideo, capital de la República Oriental del Uruguay

Latinoamericanismo vs. Panamericanismo

Discurso pronunciado el 2 de septiembre de 1960 en el masivo acto donde se aprobó la Primera Declaración de La Habana

El deber de los revolucionarios latinoamericanos es hacer la Revolución

Discurso pronunciado el 4 de febrero de 1962 en la multitudinaria concentración donde se aprobó la Segunda Declaración de La Habana

La ayuda de Cuba a los movimientos revolucionarios no puede ser negociada con los Estados Unidos

Discurso pronunciado el 26 de julio de 1964 en el que se aprobó la Declaración de Santiago de Cuba

Si las ideas revolucionarias son derrotadas, la revolución en América Latina se dilataría indefinidamente

Discurso pronunciado en la clausura de la Primera Conferencia de la Organización Latinoamericana de Solidaridad

¡Nos mantendremos aquí firmes, erguidos, enarbolando nuestras ideas,

hasta que el último pueblo latinoamericano se haya liberado!

Discurso pronunciado el 26 de julio de 1971

El fracaso de la OEA es ya irrebatible

Informe Central al Primer Congreso del Partido Comunista de Cuba

Son insalvables las contradicciones entre el imperialismo norteamericano

y los países de América Latina y el Caribe

Informe Central al Segundo Congreso del Partido Comunista de Cuba

La conciencia unitaria latinoamericana y caribeña se va abriendo paso

Informe Central al Tercer Congreso del Partido Comunista de Cuba

Salvar la patria, la revolución y el socialismo es nuestra mayor responsabilidad con los pueblos de nuestra América

Discurso pronunciado durante la inauguración del Cuarto Congreso del Partido Comunista de Cuba

Es deber de la izquierda crear conciencia de la necesidad de la integración y de la unión de América Latina y el Caribe

Discurso pronunciado en la clausura del Cuarto Encuentro del Foro de São Paulo, realizado en Cuba en julio de 1993

América Latina y el Caribe podrán ser devorados, pero no digeridos por el decadente imperialismo estadounidense

Alocución pronunciada en Tribuna Abierta del Primero de mayo de 2001

Nadie podrá impedir el futuro luminoso de los pueblos de América Latina y el Caribe

Discurso pronunciado el 3 de febrero de 2006 en ocasión de la entrega a Hugo Chávez por parte de la UNESCO del Premio Internacional “José Martí”

Epílogo: En nuestra América se producirán nuevas revoluciones

Notas

PRÓLOGO

Dr. Luis Suárez Salazar

En su artículo «El tercer año del Partido Revolucionario Cubano: El alma de la Revolución, y el deber de Cuba en América», publicado en el periódico Patria el 17 de abril de 1894, José Martí, Apóstol de la Independencia de Cuba, indicó:

Un error en Cuba, es un error en América, es un error en la humanidad moderna. Quien se levanta hoy en Cuba se levanta por todos los tiempos. Ella, la santa patria, impone singular reflexión; y su servicio, en hora tan gloriosa y difícil, llena de dignidad y majestad. Este deber insigne, con fuerza de corazón que nos fortalece, como perenne astro nos guía, y como luz de permanente aviso saldrá de nuestras tumbas. Con reverencia sin­gular se ha de poner mano en problema de tanto alcance, y honor tanto. Con esa reverencia entra en su tercer año de vida, compasiva y segura, el Partido Revolucionario Cubano, convencido de que la independencia de Cuba y Puerto Rico no es sólo el medio único de asegurar el bienestar de­coroso del hombre libre en el trabajo justo a los habitantes de ambas islas, sino el suceso histórico indispensable para salvar la independencia ame­nazada de las Antillas libres, la independencia amenazada de la América libre, y la dignidad de la república norteamericana. ¡Los flojos, respeten: los grandes adelante! Esta es tarea de grandes.

Antes y después de su caída en combate el 19 de mayo de 1895, ese llamado guió las diversas luchas por la independencia frente al coloniaje español des­plegadas hasta mediados de 1898 por el pueblo cubano y, en particular, por su cada vez más potente Ejército Libertador. No obstante, en abril de ese año, sin consultar con las autoridades del Consejo de Gobierno de la República de Cuba en Armas, el presidente estadounidense William McKinley (1897-1901), con el respaldo del Congreso, tomó la decisión de que las fuerzas armadas intervinieran en la ya virtualmente victoriosa tercera guerra por la liberación nacional del pueblo cubano, iniciada el 24 de febrero de 1895 bajo la conduc­ción de José Martí, Máximo Gómez y Antonio Maceo.

Como el Protocolo de Paz de agosto 1898 y el Tratado de París de di­ciembre del mismo año (signados entre el gobierno de los Estados Unidos y la derrotada y revanchista monarquía española, sin la presencia de las fuerzas libertadoras cubanas, filipinas y portorriqueñas), al igual que la amañada Constitución de la República de Cuba de 1901 —con el apéndice impuesto manu militari por el gobierno de los Estados Unidos mediante la célebre Enmienda Platt— frustraron temporalmente las añejas aspiracio­nes independentistas del pueblo cubano, el legado martiano —salido como luz de permanente aviso de su tumba— se asumió como estandarte por todos los genuinos revolucionarios cubanos que durante la primera mitad del siglo XX lucharon contra el orden neocolonial impuesto, así como contra todas las dictaduras militares, cívico-militares o las corruptas democracias repre­sentativas que mal gobernaron a la mayor de las Antillas a partir del 20 de mayo de 1902. Esas luchas siempre estuvieron intrínsecamente unidas a las batallas antiimperialistas y anticolonialistas, y por la democracia, la libera­ción nacional y social que se desarrollaban en todo el mundo y, en particu­lar en las demás naciones de América Latina y el Caribe.

Tal herencia sería recogida y enriquecida por la Generación del Centenario del natalicio de José Martí (28 de enero de 1953) y, sobre todo, por los y las que luego del frustrado asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes (26 de julio de 1953), fundaron en 1955 el Movimiento 26 de Julio (M-26-7). Siguiendo lo planteado por su fundador y máximo di­rigente, Fidel Castro, en su célebre alegato conocido como La Historia me absolverá, en el programa de esa organización político-militar quedó latente la idea de que cuando triunfara la Revolución:

[L]a política cubana en América sería de estrecha solidaridad con los pue­blos democráticos del continente […] los perseguidos políticos de las sangrientas dictaduras que oprimen a la naciones hermanas, encontrarían en la patria de Martí […] asilo generoso, hermandad y pan [ya que] Cuba debía ser baluarte de libertad y no eslabón vergonzoso de despotismo.

Ese propósito también guió al Ejército Rebelde. Luego de extender la guerra revolucionaria a todo el país y estrechamente unido a las células urbanas del M-26-7, y a los destacamentos más consecuentes del Partido Socialista Popular (comunista) y del Directorio Revolucionario 13 de marzo —funda­do por el desaparecido dirigente estudiantil José Antonio Echeverría—, en la madrugada del primero de enero de 1959 derrocó a la dictadura del ge­neral Fulgencio Batista, instaurada el 10 de marzo de 1952 con el consistente apoyo político, económico y militar de los grupos de poder y de las admi­nistraciones estadounidenses, encabezadas por el demócrata Harry Truman (1945-1953) y el republicano Dwight Eisenhower (1953-1961).

Estaba en la lógica de la historia y de los acontecimientos que los he­chos revolucionarios cubanos encontrarían inmediatamente la hostilidad de los sectores dominantes en esa potencia imperialista. Asimismo, la estrecha imbricación entre las luchas por la democracia, por la liberación nacional y social, así como por la construcción del socialismo emprendida desde enton­ces hasta hoy por el pueblo cubano con las luchas de los pueblos de Nuestra América por lograr la que en 1889 José Martí había definido como «su se­gunda independencia» frente al entonces naciente imperialismo estadouni­dense.

Al margen de los diferentes cargos políticos y estatales que ha ocupa­do desde el primero de enero de 1959 hasta la actualidad; artífice, conduc­tor, teórico y a la vez cronista de esa imbricación, al igual que calificado analista del cambiante contexto internacional y hemisférico en que esta se ha desarrollado, ha sido el máximo líder del pueblo cubano, Fidel Castro. De ahí la validez e importancia de este volumen en el que bajo el título Latinoamericanismo vs. Imperialismo, aparece una compilación anotada de tre­ce discursos en los que ha abordado la historia y la situación de América Latina y el Caribe, al igual que sus siempre dialécticas y antidogmáticas aproximaciones al programa, la estrategia y la táctica de las luchas antiim­perialistas y antioligárquicas que se han desplegado en ese vasto espacio geográfico, cultural y humano que en 1953, siguiendo a José Martí, el enton­ces joven estudiante de medicina Ernesto Guevara de la Serna llamó «nues­tra Mayúscula América».

Obviamente, en esta selección también aparecen múltiples referencias a la historia de las luchas del pueblo cubano, y en particular a su tenaz y hasta ahora exitoso enfrentamiento a las diversas estrategias agresivas des­plegadas por las diez administraciones demócratas y republicanas que han ocupado la Casa Blanca desde 1953 hasta la actualidad, ya que, de hecho, en los últimos cuarenta y ocho años siempre ha existido una correlación diná­mica entre la trayectoria de la transición socialista cubana, las multifacéticas agresiones contra ella desplegadas por los grupos de poder estadouniden­ses y el desarrollo de las luchas por la verdadera independencia de América Latina y el Caribe. Esa correlación ha condicionado, de una u otra forma, la política hacia Cuba implementada por los gobiernos de los treinta y dos es­tados independientes o formalmente independientes que hoy existen en ese continente y, por tanto, la conducta que hacia ellos ha mantenido, en cada momento histórico, el liderazgo político y estatal de la Revolución cubana.

Como aquí se verá, cada uno de los discursos y escritos seleccionados son antecedidos por una breve introducción del compilador con el objeti­vo de presentar el contexto internacional, hemisférico o cubano en el que fueron pronunciados. Con ello se persigue evitar, por sobre todas las cosas, una lectura dogmática y escolástica del profundo, creador y dialéctico pen­samiento del líder de la Revolución cubana.

Los lectores encontrarán algunas repeticiones entre los discursos inclui­dos en esta obra. A pesar de que en la edición se trató de disminuirlas al mínimo, no siempre resultó posible hacerlo, ya que se corría el inadmisible riego de destruir la consistencia y la coherencia intrínseca del pensamiento de Fidel Castro.

Por otra parte, el espacio disponible impide publicar otros importantes discursos del líder de la Revolución cubana, sobre todo los pronunciados en las cerca de sesenta visitas de diferente carácter que ha realizado a vein­tiún países de América Latina y el Caribe desde el triunfo de la Revolución hasta hoy. Algunos fueron preservados para empeños editoriales posterio­res, como los referidos a las estrechas relaciones cubanas con las naciones angloparlantes integrantes de la Comunidad del Caribe (CARICOM). Otros fueron incluidos en el volumen Las crisis de América Latina: diagnósticos y so­luciones.

Sin embargo, a mi juicio la selección que aparece en esta obra refleja de una manera bastante integral la evolución del pensamiento de Fidel Castro, uno de los más relevantes líderes de las luchas antiimperialistas y anticolo­nialistas de los pueblos del Tercer Mundo y, en particular, de los pueblos de nuestra Mayúscula América. Y de quien ahora y siempre habrá que decir lo que José Martí escribió respecto a los que llamó «tres héroes» de las lu­chas por la primera independencia de la América española: «Los hombres no pueden ser más perfectos que el sol. El sol quema con la misma luz con que calienta. El sol tiene manchas. Los desagradecidos no hablan más que de las manchas. Los agradecidos hablan de la luz». Y agregó: «esos hombres que hacen pueblos son como más que hombres. […] Esos son héroes; los que pelean para hacer a los pueblos libres…».

Latinoamericanismo vs. imperialismo
Ocean Sur, 2009

Más información sobre este libro en:
http://www.oceansur.com/product/latinoamericanismo-vs-imperialismo/

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