Por Al Giordano


Adolfo Facusse

Adolfo Facussé—el magnate de negocios hondureño, que a principios de mes fue sacado de un avión que había llegado a Miami por el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE por sus siglas en inglés) y deportado de inmediato a Honduras—es una de esas personas en quién no se puede confiar; que incluso abandonando el Titanic, buscaría alguna ventaja asegurando el mejor bote salvavidas exclusivamente para él, o al menos trataría de llevarse los cubiertos que le quepan en sus bolsillos en el camino fuera.

Y así sucedió hoy cuando Facussé anunció su gran plan para resolver el problema del golpe, que el había apoyado pero que ahora claramente ha fallado.

Facussé propone que:

  • El “presidente” golpista Roberto Micheletti deje el cargo y sea recompensado por sus servicios con la creación de un puesto inexistente, el de diputado vitalicio (Augusto Pinochet disfrutó el cargo de Senador vitalicio durante y después de su dictadura).
  • Micheletti y todos los líderes golpistas—incluyendo el alto mando militar—tendríann una amnistía por adelantado por todos los crímenes que han cometido desde el 28 de junio.
  • El presidente Manuel Zelaya será reconocido como tal por unos quince minutos, mientras delega el mando a las Fuerzas Armadas y a un tipo de consejo “civil”, formado por políticos
    de los partidos basado en sus actuales porcentajes de escaños en el Congreso.
  • El envío de 3,000 militares de las “Fuerzas de Paz de la ONU”—pero solo de los siguientes tres países con gobiernos derechistas: Colombia, Panamá y Canadá—que se desplegarán a través de Honduras para hacer cumplir este acuerdo. (Porque todos sabemos que las tropas colombianas, amantes de la diversión, y los paramilitares con los que vengan para la excursión son muy capaces cuando se trata de proteger los derechos humanos de la ciudadanía.)
  • Zelaya, a cambio de llegar a ser reconocido como presidente por quince minutos más, y de un anillo codificador de juguete, esperará en silencio y sin poder hasta el 27 de enero para enfrentar cualesquiera que sean los cargos de “corrupción” que el régimen golpista haya cocinado para él.

“Hemos puesto a las ruedas en movimiento otra vez, aunque no sabemos que tan lejos nos llevarán”, dijo Facussé a los reporteros, alegando que Micheletti ya la había firmado.

El General golpista Romeo Vásquez Velásquez, claro, adora, adora, ADORA el plan, y efusivamente declara:

“Veo que rápidamente estamos llegando a una solución, que es lo que todos estamos esperando.”

Facussé, presidente de la Asociación Nacional de Industriales (ANDI), tan solo unas semanas atrás conducía la propuesta de que todas las empresas miembros del Consejo Hondureño de la Empresa Privada (COHEP) ofrecieran descuentos a los votantes, animándolos a participar en las “elecciones” del 29 de noviembre. Era como una venta de liquidación de la democracia con Fito el Loco gritando “¡SE VA TODO! NUESTROS PRECIOS ESTÁN DE LOCURA!”

Pero lo más gracioso ocurrió camino a las urnas. Dos noches atrás, el dictador golpista Micheletti—instalado en parte gracias a los esfuerzos antidemocráticos de Facussé—decretó el Estado de Sitio por 45 días, cancelando las garantías Constitucionales básicas de expresión, de prensa, de tránsito, de reunión y de debido proceso. Lo llamé El Segundo Golpe de Estado de 2009, con la admisión de que El Primer Golpe había fracasado en establecer el control sobre el país y su gente.

El manto de la “democracia” y “constitucionalidad” del régimen golpista cayó durante la noche del domingo. El candidato presidencial que lidera las encuestas, Pepe Lobo, rechazó el decreto, tal como lo hicieron el actual presidente del Congreso golpista, y los líderes empresariales que vieron que las nuevas reglas tendrían efectos negativos en sus billeteras. Éstos le dijeron a Micheletti que no iba a funcionar. Y ahora Micheletti lentamente se aleja del decreto, tan lentamente que espera que nadie se de cuenta de la demanda a sus represores de que devuelvan el equipo y los transmisores que se robaron la mañana del lunes de estaciones de radio y televisión claves.

Durante estos tres meses, Micheletti, Vásquez, Facussé y el resto de la banda de Robin Hoods a la inversa, pensaron que con solo dejar pasar el tiempo serían capaces de imponer las “elecciones” del 29 de noviembre, con todo arreglado para la solución final. Pero como el encuestador mexicano Dan Lund apuntó el día de hoy, el decreto de la noche del domingo de Micheletti invirtió la dinámica: Ahora no hay tiempo en el reloj para arreglar el daño provocado por el decreto, por el hecho de que las elecciones son tan cercanas al Segundo Golpe y de que sus vicios autoritarios no pueden ser justos ni libres.

Lund escribe:

“El tiempo hacia las elecciones del 29 de noviembre de 2009 es ahora una camisa de fuerza, especialmente en el contexto actual de confusión, del decreto de emergencia…de la situación compleja de los medios (medios de comunicación abiertos y verdaderamente justos es la condición sine qua non para una elección de esta importancia), y de la necesidad para una reconciliación suficiente que le de confianza al proceso en conjunto.”

La propuesta de Facussé es, en efecto, en nombre del Tercer Golpe, o al menos un globo de ensayo hacia su intento. Pero más allá de sus estrafalarias propuestas, El Tercer Golpe tiene un error aún más fatal: Fue creado en un cuarto trasero por magnates ricos y poderosos, sin la menor consulta; ya no digamos dialogando con un solo trabajador, campesino, o estudiante, y mucho menos con las organizaciones que representan la gran masa de la población hondureña movilizada. Porque es su poder desde abajo el que ha impedido que los dos golpes del año triunfen. Ningún régimen—ya no más—puede mantenerse en el poder en Honduras, a menos que satisfaga suficientemente la amalgama de movimientos sociales ahora popularmente conocidos como La Resistencia.

Aún más; el tratar de recompensar a Micheletti, tan solo dos días después de que enseñara sus despóticos dientes—en efecto, traicionando a sus conspiradores golpistas en su afán de retratar a este golpe al decir: “no es un golpe”—con un escaño vitalicio en el Congreso, como la propuesta de Facussé dice, indica una forma de pensar tan lejos de la realidad mostrada durante el verano. Es una propuesta tan lejana del sentimiento abrumador de la mayoría de sus compatriotas, que ofrece una ventana de cristal de la misteriosa mente de la oligarquía, tratando una vez más de sacar ventaja sobre los demás, aún cuando sus mejores planes se derrumban a su alrededor.

Traddución de inglés por Fernando Leon

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