A nuestro correo, llegó este interesante ensayo, el cual con mucho placer compartiremos con ustedes amigos lectores. Recuerden que son libres de escribirnos, aquí todos tenemos los mismos derechos.

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Morazán Ya sabía del golpe

Por eso corría de un pueblo a otro, acarreando armas, ilusiones, esperanzas, derechos y libertades. Por eso defendía lo justo, su gobierno, su gente, por eso tenía enemigos poderosos: los conservadores, la iglesia, la oligarquía; por eso los curas le llamaban anticristo, por eso los conservadores le llamaban Ganzúa, como hoy al pueblo le llaman turba.

El General, lo sospechaba, como siempre su mente abierta, su laurel puesto a disposición de la gente, tenía entre su hojas una premonición que duró hasta el día que las balas conservadoras rompieron el sueño unificador.

Caminó por la Centroamérica que como hoy, tenía dueños, esbirros y esclavos, pero tenía pensadores, cabrones valientes y mujeres que parían amor y sabiduría. Esa fue la compañía con que Morazán anduvo y desanduvo trechos y trincheras. Pero, Morazán, ya sabía del golpe, no el de las balas que golpearon su pecho y sus doctrinas, sino de este golpe que estamos viviendo.

Sabía que la iglesia contemporánea, bajo la sotana de un príncipe caído, guardaba una letanía que bendeciría tropas, balas y punterías, por eso su lucha persistente de separar la iglesia del Estado. Proponía derogar el diezmo, expropiar bienes de la iglesia, porque eran pagados por el pueblo. Sabía que un cardenal que excomulgaría pobres con gran alarido y bendeciría bancos de gran sucursal, seguiría, en otro siglo, recibiendo bienes pagados por el pueblo.

Sabía de la gran represión que sufrirían los descendientes suyos y de su milicia. Sabía de las encarcelaciones injustificadas, que en otro siglo, seguirían ocurriendo, por eso, el general, como ya lo sabía, propuso el Habeas Corpus, para heredarnos un sustento jurídico liberador.

Como ya sabía del golpe, propuso que la educación, además de obligatoria, fuera gratuita, porque en otro siglo, se privatizaría, sería excluyente. Lo propuso, porque sabía que oligarcas, ejército e iglesia, como en su tiempo, se aprovecharían de la ignorancia de sus hermanos y como antes satanizaban sus acciones, lo harían de nuevo, ya no con el cólera morbus, sino con Chavez, con Cuba, ya no con el envenenamiento de los ríos, sino con el comunismo.

Ellos ya sabían que Morazán sabía, se les adelantó en el camino, les hizo la batalla, educó sus soldados, les abrió los ojos, los sueños, los corazones, como lo hiciera con Doroteo y Cipriano Cano, soldados suyos, que corrieron su suerte al ser fusilados en Ilamatepeque por andar calzados, saber leer y escribir, por haber triunfado sobre la ignorancia y defender la igualdad, tal y como han asesinado a muchos hondureños en este golpe, por ser soldados de Morazán, por ser milicia como los hermano Cano, milicia de paz, educadora, revolucionaria.

Morazán, de ante mano vivió el Golpe, se fue exiliado, abandonó temporalmente su tierra, su gente, pero tenía que regresar, volver al ejercicio de unificar su pueblo, anunciar la traición que se gestaba, así como de ofrendar su sangre antes que sus hermanos, aquellos ultimados por sus mismos asesinos en la honduras de hoy, la honduras del Golpe.

La orden de fuego contra Morazán, no se gritó el 15 de Septiembre de 1842, día en que fue puesto al patíbulo frente a un pelotón ubicado a escasos metros de distancia. La orden de su fusilamiento fue dada el 28 de Junio del año 2009, por la oligarquía, la Iglesia y el ejército hondureño, que en complicidad con Rafael Carrera, Curas y conservadores de aquella época, quisieron silenciar su último grito de alerta: “Hermanos hondureños resistan el golpe de estado”.

Osman Fajardo Morel

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