Está por verse si al proceso electoral de noviembre lo salva la campana, como se dice en caló boxístico, pues el tiempo para el diálogo “entre las partes en conflicto” está en su último estertor.

Podemos decir, sin temor de equivocarnos, que, de no restituirse el orden constitucional en los próximos diez días, a lo sumo, las elecciones generales –en caso de realizarse—serían un completo fracaso, lo cual hundiría todavía más a Honduras en el caos económico, la ingobernabilidad y la convulsión social.

La reunión del secretario general de la OEA, José Miguel Insulza, con el jefe de Estado de facto Micheletti en la base militar de Palmerola, en la que se le hizo saber al dictador la urgencia del diálogo “a fin de restablecer la democracia y el orden constitucional en Honduras, dentro de la estricta observancia la resolución de la Asamblea General del pasado 4 de julio”, podría ser el llamado final a la cordura.

Al regresar de Palmerola, Micheletti, con su habitual aire de perdonavidas ha adelantado que hoy, lunes, reuniría al Consejo de Ministros de facto para ver si deroga el inconstitucional decreto de estado de sitio, suponemos que para dar lugar al tan llevado y traído diálogo.

En realidad, no es Micheletti en Consejo de Ministros de facto quien tendría que derogar el Decreto PCM-M-016-2009 publicado ilegalmente en el Diario Oficial “La Gaceta”, el cual es totalmente nulo. Es el congreso nacional, en cumplimiento (aunque tardíamente) del artículo 187 de la Constitución de la República quien debería decretar su anulación.

Al no hacerlo así, el congreso nacional persistiría en su violación ya manifiesta de la Constitución de la República, lo mismo que la Corte Suprema de Justicia, por cuanto ésta ha admitido las demandas de amparo, pero sin suspensión del acto reclamado, no obstante tratarse de una cuestión del mayor interés para la paz y la protección de los derechos humanos en nuestro país.

Mientras no se levante ese estado de sitio dictatorial y se creen las condiciones para el libre desarrollo de las tratativas conducentes a la restitución de la institucionalidad hondureña, la crisis política continuará ahondándose, haciendo pareja con la profundización de la crisis económica, que ya es galopante.

En diez días más de crisis política, los partidos quedarán a la deriva sin campaña qué hacer, con la mayoría de los candidatos desfigurados por sus vinculaciones golpistas, y con los candidatos opositores e independientes listos para fortalecer su bastión de la resistencia nacional a la dictadura.

Hasta el momento, vale recalcarlo, el resultado del estado de sitio ha sido esencialmente adverso al propósito de la dictadura de resquebrajar al frente nacional de resistencia. Por el contrario, el estado de sitio dio el paréntesis necesario para reponer fuerzas y para mejorar las redes de la organización, al amparo de la clandestinidad, y para afianzar la determinación popular respecto a la convocatoria de una asamblea constituyente.

Así las cosas, la crisis política ha llegado a su punto irreversible de resolución. Al régimen de facto, y en particular a Micheletti, se le presenta la clásica disyuntiva: o la bebe, o la derrama.

Fuente: http://voselsoberano.com/v1/index.php?option=com_content&view=article&id=1133:o-la-bebe-o-la-derrama&catid=2:opinion

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