En Honduras suceden cosas difíciles de imaginar. Los mismos hondureños dicen que, en este país, "el corcho se hunde y el plomo flota", "los aviones chocan con los buses, y los trenes con los barcos". Moncho Oquelí dijo que "Honduras es un país tan aletargado, que hasta los volcanes se apagaron". Todas estas expresiones son parte del folclore y se dicen con alegría y hasta con orgullo.

Pero en los últimos meses nos hemos saltado las trancas. El país está de cabeza, al revés.

Desde hace un poco más de tres meses tenemos un presidente que no manda, un no-presidente que sí manda, un gorila que dice que no manda pero le da órdenes al no-presidente, un gobierno de facto que viola la constitución para defender la constitución, un "defensor" de los derechos humanos que lo único que ha defendido es el "derecho" de su propio hijo de matar con su carro a una estudiante por andar manejando borracho, un cardenal que dice mentiras jurando en el nombre de Dios y nos amenaza con baños de sangre, y un diálogo que no es diálogo sino más bien monólogo, o quizá gorílogo, y algunas otras situaciones folclóricas, como estas:
  • El presidente constitucional está cercado por cientos de soldados y es tratado como un delincuente, mientras el delincuente que usurpa el poder se enoja si le dicen golpista y le mienta la madre al que lo haga.

  • El ejército asesina (digo, "mata por accidente, en defensa propia") a los manifestantes desarmados pero proclama orgullosamente que, si se da una invasión extranjera, no dispararán ni una bala, porque ellos son enemigos de la violencia.

  • Un gobierno de facto que no es reconocido por ningún país del mundo tiene un ministro de relaciones exteriores, no precisamente ad honorem.

  • Las damas pías pegan en sus carros la imagen de la virgen y calcomanías que dicen "no matarás", pero se alegran cuando el ejército asesina (digo, "mata por accidente, en defensa propia") a algún maestro y se lamentan amargamente porque los militares sacaron del país al presidente en lugar de "matarlo y dejarlo tirado en una zanja".

  • Un dinosaurio político persigue a los maestros cuando no dan clase por salir a protestar, alegando que violan los derechos de los niños, pero suspende el año escolar un mes antes de la fecha en la que debía terminar, como si los niños no tuvieran derechos.

  • Mi amigo el golpista, que afirma que el presidente Zelaya violó la constitución, no ha leído la constitución.

  • El presidente golpista ordena cerrar estaciones de radio y TV, suspende las libertades de asociación, circulación, y expresión del pensamiento, pero se da el lujo de hablar mal de presidentes constitucionales que hacen lo mismo.

  • Los golpistas invitan al mundo a venir para que vean "lo que realmente está pasando en Honduras", pero cuando la OEA anuncia el envío de una misión cierran el aeropuerto para que no lleguen (y cuando llegan no los dejan entrar).

  • El empresario que amenazó con despedir mucha gente cuando subió el salario mínimo ahora hace campaña política diciendo que va a acabar con el desempleo.

  • El político que interrumpió el proceso de cambio que pudo haberse dado con la cuarta urna y todo eso, ahora dice ser "el candidato del cambio".

  • Algunas estaciones de radio y TV se refieren a los violaron la constitución y matan gente en la calle como "héroes", y al presidente que no la violó como "traidor a la patria".
Yo me siento confundido, porque lo que está pasando es muy diferente de lo que yo pienso que debería pasar en un país que había puesto sus esperanzas y sus sueños en una democracia joven, débil y controversial, pero democracia al fin. Es muy diferente de la idea de "bien" que me inclulcaron mis padres y los curas del colegio, y no termino de entender porqué en los periódicos y la tele siguen diciendo que aquí no ha pasado nada, basados en el yoísmo subjetivista que afirma que "si yo no lo veo, no existe".

Así que me he puesto a pensar en la forma de salir de esta contradicción, y he llegado a imaginar dos posibles soluciones. El problema, a fin de cuentas, es que mis creencias y convicciones apuntan en una dirección y lo que pasa en el país apunta en dirección contraria, y eso se puede resolver de dos maneras:
  1. Me volteo yo, como ya hicieron algunos parientes y amigos, aceptando que es lícito violar las leyes, matar, mentir en nombre de Dios, falsificar documentos, obstruir la justicia, presumir de cristiano y pasarse los mandamientos por el forro, y otros "pecadillos" menores, o bien...

  2. Se voltea el país haciendo un nuevo pacto social que permita usar los recursos materiales y humanos en forma racional y eficiente, en beneficio de todos, y que garantice el respeto a los derechos humanos y a las libertades individuales.


      Y yo, la verdad, no pienso voltearme.
Gustavo A. Ponce

Fuente: http://www.voselsoberano.com/v1/index.php?option=com_content&view=article&id=1724:pais-de-cabeza&catid=2:opinion

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