Juan Villegas
Aporrea

Los cambios políticos que se han generado durante los últimos años, no solo en Venezuela, sino a nivel internacional, le han dado un nuevo impulso a la discusión sobre la necesidad de construir una sociedad distinta a la que hemos conocido hasta la actualidad. De allí que se hayan constituido a nivel mundial movimientos políticos y sociales con una visión critica del sistema capitalista y de las inequidades y perversiones que éste genera (destrucción del medio ambiente, desigualdad, pobreza, exclusión social, guerras etc.). Estos movimientos, que a finales de los años noventa del pasado siglo se opusieron a la “globalización” del sistema de “libre mercado”, con el correr de los años y el desarrollo de los acontecimientos políticos mundiales, han rescatado la necesidad de construir una sociedad socialista como contraposición y única alternativa a la hegemonía del capitalismo, tras el derrumbe de los llamados “socialismos reales”.

Particularmente en Venezuela, desde el triunfo electoral de Hugo Chávez, se ha constituido un movimiento de masas cuya motivación ha sido la superación del sistema político imperante desde 1958; para ello se utilizó como plataforma política la Constitución de la Republica Bolivariana de Venezuela aprobada por el voto popular en 1.999 e inspirada en conceptos como la democracia participativa, la equidad de género, la plena soberanía nacional y la extensión de los derechos sociales. Naturalmente, dicho programa político ha tenido la resistencia activa de los sectores más reaccionarios de la sociedad venezolana, lo cual generó un especial clima de polarización política como forma de expresión de la lucha de clases. De allí que de un lado se ubican los sectores populares en defensa de sus legitimas reivindicaciones y por el otro lado están los partidos de derecha, el sector empresarial, los terratenientes, la jerarquía eclesiástica y la burocracia sindical en defensa de los intereses del capital nacional y transnacional.

Ante ello, la respuesta del gobierno venezolano ha sido encauzar esa confrontación de clases valiéndose de la institucionalidad surgida a partir de la constitución de 1.999, lo cual implica el respeto de la legalidad liberal-burguesa y sus instituciones características (división de poderes, derechos de propiedad, sistema polipartidista, etc.), con la particularidad de que la propuesta política del gobierno del presidente Chávez –al menos en lo discursivo- se coloca al lado de los excluidos, oprimidos y explotados del país, y a su vez rescata un elemento fundamental de los procesos revolucionarios y de liberación nacional de los países del tercer mundo: el anti-imperialismo.

Es así como Chávez, se convierte en portavoz de la crítica al neoliberalismo en primera instancia, luego rescata el uso del término leninista imperialismo, que había sido sustituido y solapado por el concepto de globalización (como bien lo señala James Petras) para finalmente en 2.005, declararse socialista. A partir de entonces, se impulsa desde el gobierno venezolano la necesidad de construir un sistema social y económico alternativo al capitalismo, esto es: el socialismo.

¿Pero de que socialismo estamos hablando?

Tal como lo señala el pensador galés Alan Woods, Chávez tiene el enorme merito de declarar -siendo el gobernante de un país capitalista- la necesidad de sustituir el sistema actual por el socialismo, hecho que abrió paso a un debate a escala nacional sobre la vigencia de las ideas socialistas, pero a su vez, este mismo autor señala que inmediatamente después de que Chávez declara la necesidad de construir el socialismo, una serie de intelectuales reformistas,-en alusión al académico alemán Heinz Dieterich- salen al paso a advertir de que se trata del “socialismo del siglo XXI”. En este punto es relevante revisar la opinión de este autor con respecto a este “nuevo” concepto de socialismo:

"La rueda es muy vieja, pero funciona perfectamente bien, no hay necesidad de inventar la rueda del siglo XXI, compañeros, no tenemos necesidad de reinventar la rueda, no, tampoco la necesidad de reinventar las ideas del socialismo científico, que mantienen toda su validez y relevancia. El colapso de la URSS ha provocado un período de tremenda confusión y desorientación en el movimiento comunista mundial. Fuimos testigos de una contraofensiva ideológica sin precedente por parte de los defensores del capitalismo que anunciaron la muerte del socialismo, el comunismo y el marxismo. Muchos antiguos comunistas abandonaron el marxismo. […] el socialismo del siglo XXI tiene una gran ventaja, ¡nadie tiene la más mínima idea de lo que eso significa! Es una botella vacía que se puede llenar con cualquier contenido” (Presentación del libro “Reformismo o Revolución. El marxismo y el socialismo del siglo XXI, respuesta a Heinz Dieterich. Feria del libro de La Habana, 2009)1

Desafortunadamente, las observaciones de Woods son correctas y los “aportes teóricos” han demostrado que efectivamente, la botella vacía ha sido llenada con cualquier contenido, y en algunos casos, la botella solo tiene aire por dentro. Es así como desde los discursos oficiales y en algunos foros de discusión política se afirma alegremente que el socialismo del siglo XXI “no está definido” y por lo tanto está en “proceso de construcción”, lo cual no es mas que una vulgar justificación de la ausencia total de definición teórica e ideológica de quienes se autoproclaman como los nuevos apóstoles del socialismo en Venezuela.

Pero mas grave aun es, que personeros del alto gobierno hagan gala de su desnudez ideológica, y pretenden conducir el proceso político venezolano con conceptos que van desde el reformismo, hasta el más risible utopismo, veamos algunas de las “propuestas programáticas” del socialismo del siglo XXI (SSXXI), esbozadas por el ex ministro de planificación Haiman El Troudi:

"el SSXXI es un nuevo socialismo, de nuevo tipo, que busca superar los errores del pasado y reconoce los cambios suscitados, que toma de otras experiencias el sentido humanista y las relaciones del amor fraterno y libertario, pero que se moldea con las manos del nuevo orden mundial y de la especificidad venezolana.” (El Troudi, 2006)2

Es difícil entender en que consiste esta definición, lo único que parece dejar claro El Troudi, es que se trata de un “nuevo” socialismo, de “nuevo tipo” como él mismo lo afirma. Esto es como cuando alguien compra una nueva vivienda y no conoce la dirección, ni como trasladarse a dicha vivienda, tampoco tiene una referencia clara acerca de donde está ubicada, lo único que sabe es que es su “nueva vivienda” y va a mudarse algún día (tampoco sabe cuando) y además de ello, ¡tiene el atrevimiento de invitar a sus amigos a visitarla! Hay quien diría que todo esto “parece cómico, pero es trágico” y estaría completamente en lo cierto.

En cuanto a superar los errores del pasado, reconocer los cambios suscitados y moldear la experiencia conforme a la especificidad venezolana, cualquier persona de mediana inteligencia puede comprender que mas que marcar una diferenciación – y por lo tanto una definición- del socialismo que se pretende implantar en Venezuela, solo se trata de retórica carente de contenido real. En este caso se observa que en realidad la botella del siglo XXI (otro genial invento de este siglo) solo tiene aire por dentro, pero el mismo El Troudi tiene un poco de Utopismo con que llenarla de vez en cuando:

"el reto socialista del siglo XXI supone la actualización del ideal precursor del socialismo utópico, visto como semillero donde germinan nuevos ideales en un horizonte enriquecido históricamente con las enseñanzas y aprendizajes de las experiencias precedentes.” (El Troudi, 2006)3

Acá al menos las cosas se ponen más claras, no se trata de impulsar el socialismo con bases científicas, por el contrario se trata más bien de retomar el socialismo utópico para emprender el reto de su “actualización” para el siglo XXI. Léase bien, actualización, en ningún caso se trata de superar el carácter utópico y precientífico de los socialistas de principios del siglo XIX (Fourier, Saint Simon, Owen) y abordar una critica radical que conlleve a darle carácter científico al socialismo –tarea que emprendieron Marx y Engels- sino construir un “nuevo socialismo” con bases filosóficas idealistas, es decir, sin materialismo histórico, sin lucha de clases, -y claro está- sin apropiación social de los medios de producción.

Si esto ocurre con un funcionario del alto gobierno venezolano, la imaginación no tiene límites para preveer la cantidad de charlatanerías, manipulaciones, disparates e indefiniciones de carácter teórico, ideológico, programático y político que se pueden encontrar en los niveles medios de la dirigencia que apoya el proceso político liderado por el presidente Chávez.

Para ello, es ilustrativo revisar los estatutos y contenidos programáticos del principal partido político que respalda a Chávez, el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV). Dicho partido se empezó a conformar en el año 2.007, ante la necesidad expresada por el presidente de unificar a todas las fuerzas populares y revolucionarias del país, en un solo partido político, para defender los logros de la revolución bolivariana e impulsar el socialismo del siglo XXI.

La cuestión está en que, dichos estatutos y contenidos programáticos no existen hasta la fecha, por ello no se puede saber si ese partido es una partido de la clase obrera o es un partido policlasista, no se sabe si un partido marxista-leninista, trotskista o maoísta, tampoco si es socialdemócrata o socialcristiano, nada de eso está definido, es una partido sin ideología. Y no puede tener ideología porque sencillamente su propuesta política (el socialismo del siglo XXI) no tiene basamentos. Y ese es un gran problema, si de verdad se quiere llevar adelante una revolución socialista. En este punto vale recordar lo dicho por Lenin en cuanto a que “No existe teoría revolucionaria sin praxis revolucionaria y viceversa”

Pero ¿a que teoría revolucionaria se refería Lenin? Pues obviamente no se estaba refiriendo a la de los socialistas románticos del periodo posterior a la revolución francesa, ni a los reformistas de finales del siglo XIX que sentaron las bases para la conformación de los partidos socialdemócratas, mucho menos estaba haciendo alusión a los postulados del Rerum Novarum, encíclica papal elaborada por León XIII, base de la doctrina social de la iglesia católica que sirve de plataforma a la democracia cristiana internacional.

Cuando Lenin se refería a teoría revolucionaria, se estaba refiriendo a aquellas que sostienen los postulados del socialismo científico, esto es: Materialismo Histórico, Materialismo Dialéctico y Economía Política. Las mismas ideas de Marx y Engels, pero enriquecidas con el conocimiento adquirido en luchas revolucionarias, con lo que la contribución se extiende a pensadores como Rosa Luxemburgo, León Trotski, Antonio Gramsci y el propio Lenin, además del aporte critico de muchos otros pensadores del siglo XX.

Si existe voluntad verdadera de construir una sociedad socialista, entonces el sentido común indica necesariamente que se debe comenzar por definir en que consiste el socialismo, y esto nos lleva obligatoriamente a revisar los aportes teóricos del pasado y del presente. Adicionalmente, se hace obligante revisar las experiencias socialistas del siglo XX y su correspondencia con los postulados del socialismo científico, en otras palabras, comparar la teoría con la praxis.

Hasta ahora, para efectos del presente artículo, se ha evitado utilizar el término marxismo y en su lugar se ha optado por el término socialismo científico, y esto se ha hecho deliberadamente por dos razones: Primero, porque no existe diferencia alguna entre un término y el otro. Efectivamente, cualquier persona familiarizada con el pensamiento de Marx (y de Engels) tiene completamente claro el hecho de que -tal y como se mencionó anteriormente- ambos pensadores son los fundadores del socialismo científico, y posterior a ellos, Lenin, Trotski, Luxemburgo, Gramsci y muchos más, realizaron sus respectivos aportes, pero siempre tomando como premisas las ideas fundamentales elaboradas por Marx. De tal modo que al hablar de marxismo, estamos hablando de socialismo científico y viceversa. Y esto se hace para reafirmar el carácter científico del pensamiento marxista, en contraposición a la propaganda ideológica burguesa que pretende desacreditarlo y presentarlo como una especie de culto dogmático y esotérico.

En segundo lugar, al hablar de socialismo científico, dejamos claro el hecho que solo se puede hacer una revolución socialista sobre las bases del conocimiento científico de la historia, de las relaciones (y contradicciones) existentes entre las clases sociales y del funcionamiento del sistema económico imperante (modos de producción) y este conocimiento –hasta ahora- solo lo proporciona el marxismo, lo cual no excluye el hecho de que existan divergencias en cuanto a su interpretación y aplicación en cuestiones practicas. De allí la relevancia actual del marxismo como método de interpretación de la realidad y punto de partida para su transformación.

Todo lo anterior nos lleva a plantearnos una pregunta fundamental: ¿Por qué es necesario el estudio, la formación, la discusión y la investigación de los postulados del socialismo científico (marxismo)?

Primero porque sencillamente es la única herramienta teórico-metodológica capaz de mostrar el funcionamiento del sistema capitalista con todas sus perversiones y contradicciones internas y la actual crisis económica mundial es un ejemplo claro de que siguen vigentes las teorías marxistas sobre las crisis recurrentes de capitalismo y la caída tendencial de la tasa de ganancia. Segundo, porque las repetidas intervenciones armadas de las potencias capitalistas en países del tercer mundo (Irak, Afganistán, Líbano, Palestina) demuestran una y otra vez las tesis Leninistas sobre el imperialismo, y tercero pero no menos importante, porque únicamente el marxismo propone una alternativa sobre la cual sentar las bases para la construcción de una sociedad diferente a la capitalista, esto a pesar de los intentos de imponer un pensamiento único según el cual, no existe otra salida que el capitalismo.

Así que como primer paso, cada militante, cada revolucionario, cada trabajador, cada estudiante, que crea merecer llamarse así mismo socialista, tiene el imperativo ético de iniciar e ir profundizando el conocimiento sobre las teorías que sustentan el socialismo y con ello afianzar los fundamentos ideológicos que permitan iniciar una verdadera transformación de la sociedad. Pero no basta con este proceso de formación individual, es obligatorio contrastar las ideas y para esto no existe mejor método que la discusión grupal, que el debate dentro de un colectivo.

También se pueden establecer mecanismos para la difusión de las ideas y el producto de los debates, mediante la publicación artículos y ensayos, así como el planteamiento de investigaciones en diversas áreas del conocimiento, pero siempre con un interés particular en el estudio de la realidad política, social y cultural venezolana y la evaluación critica de las políticas emprendidas por las diferentes instancias de gobierno.

Pero hablando en una perspectiva más amplia, la constitución de espacios para la discusión, formación, investigación y divulgación de carácter marxista debe tener como objetivo estratégico la transformación de la sociedad, de lo contrario no puede catalogarse como marxista. Pero de nuevo, la transformación pasa necesariamente por el conocimiento científico de la realidad que nos rodea, y ello requiere formación teórica, investigación social, discusión y confrontación de ideas, intercambio de experiencias, aprendizaje constante e interacción permanente con el colectivo. De no ser así, estaremos condenados o bien a la desorientación, o bien al aislamiento.

Finalmente el no emprender nada, solo autoriza a los charlatanes, oportunistas e iluminados del siglo XXI a decirnos que y como debemos pensar, que debemos y que no debemos hacer, y esto significa de antemano, el fracaso de cualquier proyecto socialista en cualquier país del mundo incluyendo a Venezuela. Necesario es entonces, iniciar los primeros pasos a sabiendas que no faltarán obstáculos y dificultades de todo tipo, pero esto es preferible a quedarse de brazos cruzados contemplando como nos quedamos sin Patria y sin Socialismo. Sólo con la Muerte.

jcvillegasp@hotmail.com

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