El Justiciero
Pepe Lobo: ¡fuera!

Consigna de La Resistencia

La pauta publicitaria más sonada del Partido Nacional presenta a un vacilante Pepe Lobo aclarando que él tiene una postura “clara y firme y que él está con el pueblo y que nada ni nadie lo hará cambiar de opinión”… mmmm, esto huele a arroz con ayote envuelto en hojas de huerta. Es comprensible que un candidato como Pepe Lobo le quiera dar atol con el dedo a todos los electores pues se trata de un político tradicional que muy difícilmente, ni aun en la circunstancias más apremiantes, arriesgaría un pelo para decir una verdad. La pregunta es ¿para qué hablar la verdad cuando se trata de política? ¿A quién le sirve? Simple lógica, el país tiene ya 189 años de ser engatusado con mentiras y ficciones a cuales mejores.

Para los políticos de eso se trata, de argüir un discurso tan inverosímil como pasajero con el cual los electores echen fuego y se sumen emotivamente al carnaval de los sufragios. Para ellos nunca está en juego la realidad y para ellos ningún tema tiene carácter de urgencia “al final de cuentas – razonan – todos los candidatos se saben de pe a pa la cartilla electoral de toda la vida: más empleo, más educación, menos corrupción y menos pobreza”… ningún político se complica la vida diciendo algo diferente, ¿para qué? ¿Si esto ha funcionado para todos? ¿Por qué no habría de funcionar para los demás?... y tienen toda la razón, sin embargo no siempre la cartilla consigue persuadir a las masas críticas que tienen en sus manos el soberano derecho de elegir un presidente y su comparsa. Desde el punto de vista del elector, ya no está en juego quién miente o fanfarronea con mayor o menor espectacularidad en las tribunas publicitarias, sino, quién condimenta la cartilla con más torpezas o imprudencias.

Ante el cinismo, el elector se defiende con desquites y ante la apatía el elector de protege con indiferencia… y es que uno no llega a la urna a elegir, la única opción que nos han dejado es utilizar las urnas para castigar. Lo que los políticos no saben es que el pueblo se divierte despreciando a aquellos que le quieren tomar el pelo; sería como decir “dime cuan tonto me crees y te diré cuántos votos vas a obtener” y es muy probable que por enésima vez (Segunda vez para Pepe Lobo) cuatro millones de votantes nos aboquemos a las ánforas para decirle a Pepe que se vaya a otro perro para ese hueso. A la vista está que no ha querido sacrificar un pelo en su vehemente carrera por el poder, que se ha hecho el chanchito ante las sangrantes discusiones recientes y las graves consecuencias que ha acarreado el golpe de Estado para Honduras que la han sumido en el aislamiento internacional y que ha jugado a las untaditas mientras unos se exponíamos a las balaceras de unas discusiones inaplazables que nos dejaron exhaustos y otros a las balaceras reales de los policías y los militares que han causado ya muchos mártires.

Aquí todos han tomado partido: unos para defender la constitucionalidad, y otros, orgullosamente golpistas, se han puesto del lado de las botas militares, menos Pepe Lobo. Él no está en nigún lado. Fue el único que se quedó agazapado detrás de un matorral y es el único figurante capaz de beberse una pócima de chica con limonada en plena vía pública. Pepe Lobo quiso jugar a las escondidas en el momento en que todos dábamos la cara y cuando el debate alcanzó inusitadas cuotas de rivalidad… Pepe sencillamente se quedó en las graderías. Ahora viene con el cuento chino de que su posición “es clara y firme y que encima nada ni nadie lo hará cambiar”… es una pena que las personas que anhelan conducir los destinos de una nación en aprietos nos vengan a decir a estas alturas del partido que en la política da igual ser liso que resbaloso

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