Por: Pocote
El Salvador

Una vez más el régimen ha hecho un llamado a la unidad nacional para hacerle frente a los grandes desafíos del futuro inmediato y los más cercanos relacionados con la creciente ola delincuencial, la crisis económica, el desempleo y la amenaza siempre latente de una hambruna producto de factores endógenos y exógenos. Los problemas fueron heredados por los nefastos gobiernos areneros que en 20 años no fueron capaces de darle una oportunidad a la paz, a la fraternidad, al progreso y al desarrollo sostenido.

Algunos de las iniciativas de ley enviadas por el Ejecutivo a la Asamblea Legislativa para su estudio y aprobación, presentan como considerando principal la necesidad de proteger a la población más vulnerable, de lograr fondos para iniciar obras de desarrollo nacional y darle más autonomía e iniciativa legal a las alcaldías para que contribuyan al gran esfuerzo de reconstrucción y avance hacia objetivos comunes: beneficio general de las comunidades en particular y de la nación en general.

El gobierno se ha empeñado en proclamar la necesidad de no plegarse a ninguna corriente de pensamiento o de algún régimen en particular, desde luego siempre ha manifestado su admiración por la gestión del presidente Lula de Brasil; pero también deben verse con especial atención los avances de otros países que sin proscribir la propiedad privada de los medios de producción han logrado muchos beneficios para sus pueblos, tal los casos de Venezuela, Ecuador, Bolivia, Argentina y aquí en el área centroamericana, Nicaragua, donde se asientan cantidad de inversiones salvadoreñas.

El acercamiento y la estrecha relación diplomática, comercial y cultural con cada uno de estos gobiernos, no significa dependencia o adherirse a un determinado sistema económico o político como sería el Socialismo del siglo XXI, que en esencia intenta desarrollar los pueblos sin abolir la propiedad privada de los medios de producción (“buscan abolir la propiedad privada”, escribe tendenciosamente el director de el diario de hoy), más que impulsar el desarrollo de las cooperativas, las distintas formas de propiedad: individual, cooperativa, estatal, en asociación y otras, así como una mayor participación de las comunidades en la gestión de obras. Esto es, alcanzar una verdadera democracia participativa y no la “representativa” como la que supuestamente está en vigencia en El Salvador.

Cuando gobiernos como los de Venezuela, Bolivia, Cuba o Ecuador, hablan de la necesidad de crear opciones para sus pueblos, se refieren en primer lugar a una independencia económica y, en segundo, a una legítima soberanía y autodeterminación en el plano político. Los Estados Unidos, sus grandes empresas agrícolas, industriales, energéticas, alimenticias, etc. por largos años han intervenido en los asuntos internos de estos países y para nadie es un secreto que han puesto o quitado presidentes cuando no son de su agrado no “acatan sus recomendaciones”. A todo eso se llama injerencia. Hay un solo imperialismo, el económico, el que practican los EE. UU. y algunos de sus socios como Japón e Inglaterra, hoy menos, pero hace algunos años con mucha fuerza.

El imperialismo “es la etapa superior del capitalismo” escribió Lenin, y se presenta cuando los capitales acumulados salen de sus metrópolis para explotar la fuerza de trabajo de otras naciones menos desarrolladas. No hay otro tipo de imperialismo, aunque algunos hablan de imperialismo ideológico o de neo dictadores, al referirse, sobre todo, al presidente Rafael Hugo Chávez, de Venezuela. De todos los gobiernos y países del mundo se puede aprender y poner en práctica proyectos novedosos: Brasil, por ejemplo, ha logrado erradicar un buen porcentaje de la desnutrición de su población infantil, así como disminuir la marginación y la miseria de millones de habitantes que viven en zonas rurales. Son programas agresivos y efectivos que desde luego pueden aplicarse en El Salvador. No son una copia exacta; pero los planes Red Solidaria Rural y Urbana se acercan mucho a los desarrollados con éxito en Brasil.

De Venezuela se puede aprender mucho de las Misiones Educativas y de Salud que han penetrado a comunidades urbanas y rurales que nunca han tenido la asistencia ni la ayuda de los distintos gobiernos. Ahora por los más diversos puntos de ese maravilloso país, se levantan clínicas y unidades de salud, consultorios populares, les llaman, así como escuelas, universidades e institutos diversificados totalmente equipados con tecnología de punta. Asimismo, miles de médicos y profesores se desplazan y cumplen sus tareas en zonas urbanas y rurales. Al mismo tiempo, se desarrolla un Plan Nacional de Alfabetización, en el que participan miles de jóvenes estudiantes que cumplen bien con sus horas sociales o están directamente comprometidos con los programas gubernamentales para llevar a un verdadero desarrollo social, político y económico a su país.

Es saludable que El Salvador no tenga dependencia alguna de otras naciones; pero hasta hace algunos meses, nuestra dependencia política y económica era total con los Estados Unidos, al grado que nos convertimos en el único país de América Latina y de los pocos del mundo en enviar tropas a Irak, en una invasión ilegítima repudiada hasta por los mismos habitantes de Norteamérica. Nosotros nunca hemos recibido agresión alguna de los países del Oriente Medio, por el contrario miles de descendientes árabes se han radicado y hecho sus fortunas y construido sus familias en el país. Es pues extraño que se mida con la misma vara (así lo hicieron los cuatro regímenes areneros) las pruebas de amistad de muchos países del mundo, con los intereses económicos y estratégicos de las empresas de los Estados Unidos.

El nuevo gobierno de El Salvador debe proceder con sabiduría y no permitir que las amenazas se conviertan en chantaje, como ciertamente lo ha dicho el presidente Funes, al pedirle al señor Alfredo Cristiani, que se ocupe de resolver mejor la crisis interna de su partido político y deje de inmiscuirse en los planes que realiza el régimen. El señor Cristiani, puede seguir alquilando su nacionalidad a las empresas extranjeras; pero no lo puede hacer desde las esferas gubernamentales. En su administración y en las tres restantes del partido Arena, se cometieron graves atentados contra la estabilidad y el desarrollo de nuestro país, algo que ahora estamos pagando. La libre competencia, la libre empresa, genera fatalmente monopolios. Eso está muy bien conocido. Los técnicos actuales del gobierno lo entienden, sin duda, mucho mejor que quien esto escribe. Y quienes en el mundo tienen dinero, dólares, no son salvadoreños. Con excepciones como la de Alfredo Cristiani, sólo para dar un ejemplo, que tan cínicas y conmovedoras cuentas rinde a la opinión pública, cuando es entrevistado en la televisión. Según sus cuentas particulares, en su gobierno nunca existió corrupción ni privilegios “para nadie”. Su fortuna se hizo “con base en el trabajo y las buenas inversiones”. Dígame señor Cristiani ¿su abuelo Juan Burkard no era uno de los más grandes agiotistas de la zona oriental del país? ¿cuántos pequeños agricultores le entregaron sus escrituras de fincas cafetaleras como garantías hipotecarias para obtener préstamos? ¡No sea hipócrita!

Así se han hecho muchas fortunas en este país, especulando con préstamos, con garantías hipotecarias, con terrenos fraccionados. Si el actual gobierno pretende lograr la independencia económica, sobre todo de la oligarquía criolla, debe proceder con fuerza, con valentía y rechazando las pretensiones abusivas de cínicos como Cristiani, que añoran el poder y el gobierno para seguir manteniendo sus privilegios y utilizando el país como su particular hacienda. Los “grandes empresarios” llevan el mal dentro de su “alma”. El mal es congénito. Resultan en verdad caballos de Troya. Por eso el régimen debe proceder con cuidado y sabiduría, pues al brindarle facilidades y oportunidades a los miembros de la burguesía o de la clase dominante, está abriendo las puertas a los monopolios extranjeros a seguir utilizando a prestanombres locales para sus amañados negocios. Todo al pueblo, nada a la oligarquía, debe ser la consigna central del gobierno.

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