Omar Rivera

La principal característica de los representantes del régimen golpista en la mesa de dialogo, es el profundo desprecio que le tienen al pueblo hondureño y a la Constitución; ese irrespeto a la población e irreverencia a las disposiciones emanadas de la Carta Magna, los hace acomodar cualquier solución al actual conflicto político a sus propios intereses, en menoscabo del Estado de Derecho y contrariando cualquier el espíritu democrático que garantice el respeto a la voluntad popular de los habitantes de un Estado.

Por eso –sin pudor alguno- proponen una tercería; es decir, colocar en la silla presidencial a alguien no ha sido respaldado por la mayoría de los ciudadanos para administrar el Estado. No es de sorprenderse, ya que quienes tuvieron la osadía de de romper el orden constitucional y usurpar funciones que no les correspondían, utilizando la fuerza militar y el abuso de autoridad para ese fin, cómodamente pueden volver a irrespetar al Soberano.

Pretenden que la crisis política se resuelva colocando en la jefatura del Poder Ejecutivo a una tercera persona, que no sea ni Roberto Micheletti Bain ni Manuel Zelaya Rosales; abusivamente colocan al rector de la aciaga administración en igualdad de condiciones del legitimo mandatario, y mediante un artificio quieren cambiarle el rostro a la “bestia”, dejando en cuerpo y alma a la malévola hueste golpista en el poder.

Según ellos, si Micheletti Bain renuncia a seguir en el poder, Zelaya Rosales debe abdicar a retornar a la Presidencia de la República, dando paso a la sustitución constitucional que establece que sea –en su orden- el presidente del Congreso Nacional o el presidente de la Corte Suprema de Justicia, quien se convierta en gobernante; es todos sabido que los titulares del Poder Legislativo y Judicial son “zorros de la misma manada”, están coludidos con los militares y políticos que acertaron trapera puñalada a la institucionalidad pública el pasado 28 de junio. El plan es seguir detentando el poder que asaltaron, algo así como anular un delito cambiando de manos el objeto robado.

Pero, al margen de las cualidades personales de quien pudiera asumir la conducción del Estado en sustitución del depuesto presidente, el quid del asunto esta en el hecho que –bajo ninguna circunstancia- nadie puede arrogarse facultades y privilegios que solamente le corresponde al Pueblo; en este caso, nadie puede despojar del derecho que tienen los hondureños de elegir a quien lo gobierna ni en el peor de los aprietos. No es en “cuartos oscuros de gruesas cortinas” que se puede determinar quien es depositario de la confianza ciudadana, cada cuatro años se asiste a una consulta electoral para elegir un gobernante, y esa decisión debe ser respetada.

La única solución admisible a esta crisis pasa por el restablecimiento del orden constitucional y la restitución del presidente Zelaya Rosales, la deducción de responsabilidades a quienes cometieron delitos –sean estos bancos o rojos- antes, durante y después del golpe de Estado, y la celebración de elecciones generales sin ventajas para nadie y con amplia participación de todo aquel que desee elegir o ser electo.

Tegucigalpa, MDC – 24 de octubre de 2009

Fuente: http://www.voselsoberano.com/v1/index.php?option=com_content&view=article&id=1734:una-terceria-implicaria-nuevamente-irrespetar-la-voluntad-popular&catid=2:opinion

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