Tras la “década perdida” y la posterior crisis de los noventas, América Latina presenta una situación macroeconómica favorable a inicios del nuevo milenio.

El elevado precio de las materias primas, resultado del aumento de la demanda por parte de potencias emergentes como China y la India, han provocado que los índices de crecimiento regionales nuevamente presenten cifras positivas que, a su vez, han contribuido a reducir la pobreza, el desempleo y, en algunos casos, la distribución del ingreso.

Datos recientes de la CEPAL (2,008) señalan que durante el cuatrienio 2,003-2,007 se ha registrado el mayor crecimiento del PIB per cápita en América Latina desde los años setenta, con una tendencia superior al 3% anual; porcentaje que además se mantendría en 2,008.

Asimismo, este atractivo escenario ha despertado –nuevamente- el interés por invertir en la región, hecho que ha quedado claramente evidenciado en la cifra record de 1,8 billones de dólares de inversión extranjera directa registrada en 2,007.

Sin embargo, si bien este crecimiento sostenido puede ser –en principio- alentador, los altos niveles de pobreza y desigualdad socioeconómica, así como el incipiente estado de bienestar vigente, son asuntos todavía pendientes que, mientras no mejoren significativamente, continuarán provocando las enormes corrientes migratorias hacia Europa y EE.UU.

Datos recientes estiman que en 2,006 el 36.5% de la población se encontraba en situación de pobreza, mientras que un 13.4% en extrema pobreza o indigencia. En este sentido, 194 millones de personas continuarían siendo pobres. Desde una perspectiva más amplia, es favorable que desde 1,990 la pobreza y la indigencia en Latinoamérica haya disminuido en 11.8 y 9.1 puntos porcentuales, respectivamente; y, de continuar esta tendencia, en promedio la región cumpliría satisfactoriamente la primera meta de los Objetivos de Desarrollo del Milenio.

Aunque existe una tendencia generalizada hacia la disminución de la pobreza en América Latina, si se analiza la realidad de cada país existen diferencias importantes. Mientras en Chile, Costa Rica y Uruguay el total de personas en situación de pobreza e indigencia no supera el 30%; países como Bolivia, Honduras o Paraguay mantienen un porcentaje por encima del 60%.

En resumen, se puede observar que el generalizado crecimiento económico, se está traduciendo un crecimiento per cápita, aspecto positivo sin duda; no obstante, esta expansión todavía se mantiene por debajo de la media mundial, y muy lejos de la registrada en Asia.

En este escenario, el reto principal radica en no desaprovechar esta oportunidad, la historia reciente –como es conocido- demuestra que en varias la bonanza ha provocado ceguera a la hora de definir la política económica, incurriendo en graves errores que han detenido (e incluso retrocedido) el progreso alcanzado.


Ciencias Sociales 2. Pág. 188-189. Editorial LISE. Honduras

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