Demasiados compromisos y escasos desembolsos

Maria José Romero
Red del Tercer Mundo

Durante el año fiscal del 1 de julio de 2008 al 30 de junio de 2009, la actividad del Banco Mundial estuvo signada principalmente por la crisis financiera y económica global y los efectos que ésta provocó en países de bajos y medianos ingresos. El discurso oficial resalta las distintas iniciativas implementadas por la institución y su compromiso de cifras récord. Pero el Informe Anual 2009 revela algunos detalles que ponen en discusión su respuesta a la crisis.

Durante el último año fiscal la suma de los compromisos del Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento (BIRF) y la Asociación Internacional de Fomento (AIF) alcanzó casi 47.000 millones de dólares, en comparación de los 25.000 millones del año anterior. A su vez, si se toman en cuenta los compromisos de la Corporación Financiera Internacional (CFI) y el Organismo Multilateral de Garantía de Inversiones (MIGA), el Grupo del Banco Mundial comprometió 58.800 millones en 2009, en comparación con los 38.200 de 2008. Asimismo, se espera que estas cifras permanezcan en un nivel similar en los próximos dos años.

En cuanto a las iniciativas en respuesta a la crisis, el Banco Mundial promovió cinco iniciativas para apoyar al sector público y ocho para el sector privado, que se tradujeron en cifras récord de compromisos que el Banco canalizó a través del BIRF, brazo que provee financiamiento a los países de medianos ingresos y a los países pobres con capacidad crediticia, la Asociación Internacional de Fomento (AIF), brazo que proporciona donaciones y préstamos sin intereses a los setenta y nueve países más pobres del mundo, y la Corporación Financiera Internacional (CFI), brazo que provee financiamiento para el sector privado.

Los compromisos del BIRF ascendieron a 32.900 millones de dólares, lo que representa un aumento récord del 144 por ciento respecto al ejercicio anterior. Los compromisos de la AIF, mientras tanto, ascendieron a 14.000 millones, lo que representa un aumento del veinticinco por ciento. Este último monto comprende 11.400 millones en créditos y 2.600 millones en donaciones para respaldar 177 operaciones.

Sin embargo, el último informe anual del Banco Mundial revela algunos datos sorprendentes en términos de montos comprometidos y efectivamente desembolsados. Más allá de las características de los instrumentos de financiamiento utilizados –préstamos de inversión y de financiamiento para políticas de desarrollo (DPLs)– en términos de los objetivos y plazos de desembolso de cada uno de ellos, en tiempos de crisis económica y financiera global los países en desarrollo requieren más del efectivo desembolso de recursos que de la aprobación de compromisos, que hasta tanto no se hagan efectivos se encuentran en el terreno de las promesas. Este aumento récord en materia de compromisos aprobados por el BIRF (144 por ciento) no se corresponde con un aumento similar de desembolsos. Estos últimos, sólo aumentaron setenta y siete por ciento. En tanto, la AIF comprometió veinticinco por ciento más de recursos, pero sólo desembolsó menos de uno por ciento. Estos datos encienden una luz de alarma respecto a la actividad del Banco Mundial en respuesta a la crisis y al efectivo aumento de recursos para los países en desarrollo.

Respecto al tipo de instrumento utilizado por el Banco Mundial para canalizar sus recursos, la proporción de DPLs en relación al total de desembolsos del BIRF pasó de treinta y tres a cuarenta y nueve por ciento, mientras que en relación al total de compromisos este porcentaje pasó de 29,5 a cuarenta y siete por ciento. Los DPLs son utilizados desde 2004 y constituyen una versión actualizada de las políticas de ajuste estructural de los ochenta y noventa, ya que mantienen su nivel de condicionamiento a través de la categoría “prior actions or triggers”. Tal como las organizaciones de la sociedad civil vienen señalando desde hace muchos años, las condicionalidades del Banco Mundial han resultado en la implementación de políticas perjudiciales y en una pérdida de soberanía para los países receptores.

En cuanto al énfasis regional, América Latina y el Caribe fue la región más beneficiada por los compromisos y desembolsos del Banco Mundial en 2009, con treinta por ciento del financiamiento total a través del BIRF y AIF. La mayoría de los países de la región, de ingresos medios, debieron hacer frente a la crisis externa, luego de cinco años de sólido crecimiento económico (5,3 por ciento en promedio). De esta manera, la crisis representó para el Banco Mundial una clara oportunidad para regresar a la región como una necesaria fuente de recursos. Según datos de la propia institución, Brasil, México y Argentina fueron los principales prestatarios en la región.

En este período, veintidós DPLs con trece países de la región fueron aprobados por el Banco Mundial por 7.000 millones de dólares. Al desagregar estos compromisos por sector de actividad, encontramos que diez de ellos fueron aprobados para Administración Pública, Derecho y Justicia, y sólo uno destinado exclusivamente a salud y otros servicios sociales.

En América Latina y el Caribe, el Banco Mundial aprobó compromisos por 201 por ciento más que en el ejercicio anterior, mientras que en Medio Oriente y el norte de África el aumento fue de sólo diecisiete por ciento. Al referirnos a recursos efectivamente desembolsados, América Latina y el Caribe también fue la región más favorecida, con un incremento de 139 por ciento respecto al año fiscal 2008, mientras que sorprendentemente África recibió nueve por ciento menos. Esto posiblemente se explique por las características del instrumento utilizado en cada región.

Según cifras oficiales, en este período el Grupo Banco Mundial destinó 20.700 millones de dólares al financiamiento de proyectos de infraestructura, mientras que el apoyo orientado a las redes de protección social y a otros programas sociales ascendió a 4.500 millones. Esto supone que la actividad global del Banco destinó más de cuatro veces los recursos de programas sociales a financiamiento de infraestructura. De las cifras del Banco Mundial también se desprende que en 2008 los compromisos para infraestructura representaron un avasallante cuarenta y siete por ciento del total de BIRF más AIF, mientras que en 2009 esta cifra descendió a treinta y séis por ciento. Contrariamente, cabe destacar que en materia de educación, salud y otros servicios sociales, la proporción varió de quince a veinte por ciento del total de compromisos de BIRF más AIF.

Como consecuencia de la crisis, los gobiernos, tanto de países desarrollados como en desarrollo, buscan estimular sus economías con políticas contracíclicas que permitan mitigar los impactos y contribuir a la recuperación. Sin embargo, la diferencia entre unos y otros es la disponibilidad de recursos, en términos de espacio fiscal, para poner en práctica dichos paquetes de estímulo.

Aquí es donde el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial cumplen un rol de vital importancia para muchos gobiernos. Los recursos que estas instituciones puedan llegar a desembolsar efectivamente y las características de sus préstamos son cruciales para mitigar las consecuencias o profundizar las causas de la crisis en las poblaciones locales.

María José Romero es politóloga e investigadora en el proyecto Monitor de IFIs en América Latina del ITeM.

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