Noche del 5 de noviembre
Debora Ventrua Ramos

Quizás crean que quiero escribir las palabras más tristes esta noche, que sangre mi pluma hasta hacerla suicidar. Decir que mi patria está en coma, que sus hijos deambulan por esas calles sin brújula y a la deriva; decir que los mártires están muertos, decir que las marchas sucumbieron a los pasos estériles, que los puños levantados son alas sin vuelo, decir que agoniza mi palabra sobre la palabra libertad.

Quizás quieran que escriba que mi pluma titirita lánguida en la esquina del miedo, que sus letras son grafemas de endeble vigor. Que cercenaron las manos unidas del ideal, que dividieron el abrazo, que los cuervos de la ignominia desgarraron las entrañas de mis sueños. Quizás quieran que escriba que el Cristo proletario no habló conmigo esta mañana. Quizás quieran que lave las manos en la fuente de Pilatos, que niegue tres veces a mi hermano. Quizás quieran que diga que vendí la palabra sagrada por treinta monedas, quizás quieran que diga tantas cosas…

Quizás crean que las lágrimas hacen surcos sin arado y que el aliento de alimañas no dejará germinar mi cosecha. Quizás crean que me robaron mi alborada y que mi pueblo vivirá eternamente en viernes santo y que el Dios bueno se olvidó de nosotros y que caímos en la fragua de la mentira y la traición.

Pero esta noche no escribiré con palabras tristes: dibujaré palabras gallardas y valientes, con letras atrevidas, con manos unidas y alzadas; escribiré con las plumas inmortales de los mártires que caminan en esas calles. Esta noche escribiré palabras que florecen, que curan heridas. Serán palabras que marchan indomables, que no se rinden, que no se humillan, que no retroceden, simplemente agarran impulso; serán palabras que nutran al hambriento de sueños, porque no estamos vencidos, solamente vamos tanteando el camino, como buenos estrategas.

Quiero escribir esta noche que he visto renacer a mi pueblo con las alas más límpidas; que lo he visto practicar sus mejores vuelos entre montañas y abismos, que lo he mirado resucitar en un ejército de ángeles proletarios.

Escribiré que he visto esta mañana a Morazán, con su puño en alto, cruzar esa calle, junto a todos mis hermanos que marchan; escribiré que lo miré comiendo el mismo pan junto a Obed, Roger, Wendy y Magdiel. Escribiré que los vi regando la semilla en el surco donde germinará la cosecha del mañana. Esta noche le escribiré las palabras más resistentes a mi hermano, le diré que su vuelo no es vuelo solitario, que atrás de él hay miles de alas batiendo sus mismos vuelos libertarios.

Esta noche no escribiré de circos de tiranos, de Mefistófeles con tridentes. Escribiré del valor de un pueblo que se levanta, de las luchas infinitas de guerreros que no se rinden, ni se dividen, ni se cansan; de los que no se venden, de los que en sus luchas se reinventan, se cosechan y se renacen.

Escribiré, por ejemplo: que este día vi los hombres y mujeres inmortales, los que hombro a hombro, brazo con brazo y en abrazo cargan la infinita dignidad de todo un pueblo en marcha.

Escribiré que mi pluma solo escribe palabras que florecen y que su tinta no conoce el miedo. Escribiré que la patria no está en coma y sólo duerme y que mañana, al despertar el nuevo día, la veremos caminar del brazo, en un abrazo junto a los brazos de mi pueblo.
Quizás esperan que escriba las palabras más tristes esta noche. Que Judas besó a mi patria y la entregó a los traidores; pero también escribiré que mi patria resucita cada día en los hijos que la aman y andan en marchas haciendo caminos.

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