Emrah Kaynak
Rebelión

Más que otro país, Cuba es escudriñado, aforado, criticado y a menudo con poco discernimiento. La realidad social cubana es, después de 50 años de revolución, compleja : no es un Jardín de Edén, ni un lugar de condenación eterna. La verdad está en el matiz y no en la desmedida.

A pesar de deficiencias económicas importantes - en términos de producción, transporte, vivienda- la Revolución puede enorgullecerse de éxitos significativos en sectores pivotes tales como la educación, la salud, la cultura, la emancipación de las mujeres... No podemos ocultar un aspecto en detrimento del otro. Hay que dar cuenta de la situación en su complejidad y no empobrecerlo para ajustarla a presuposiciones ideológicas.

Según Carl G. Jung, la solidez de una convicción se demuestra por su flexibilidad. Cuba ha sido forzada a adaptarse a circunstancias nuevas sin perder su esencia. La Revolución no es el reino de las certezas; se equivocó a veces pero jamás cometió el irremediable error de eludir las dificultades efectivas del país. Una convicción sólida debe ser apta para resistir al debate. El gobierno cubano siempre mostró disposiciones al diálogo a cualquier interlocutor a condición de no transgredir los valores constitutivos de la Revolución: justicia social, autodeterminación, soberanía e integridad territorial, solidaridad internacional.

El proceso revolucionario se articula en un movimiento de independencia empezado en el siglo XIX contra los Imperios españoles y estadounidenses. La Revolución unió diferentes fuerzas contra un sistema de opresión apoyado por el imperialismo. No existe una sociedad pura, una dentro sin punto de contacto con exterior. No podemos negar la influencia, si queremos evaluar la situación del país, de los actores globales de la economía-mundo y más particularmente de la hostilidad voraz del ogro estadounidense. La experiencia revolucionaria no pasa en un laboratorio al amparo de toda intervención foránea. Cada medida del exterior implica una contramedida y vice-versa. La realidad cubana debe pues ser puesta en perspectiva con el estado del mundo y el contexto regional.

No es fácil contener la hegemonía cultural estadounidense que dispone de formidables medios de difusión. Asistimos a Cuba a la confrontación entre dos estructuras sociales: una sociedad del deseo basada en la irracionalidad de los comportamientos individuales (el consumismo) y una sociedad de las necesidades funcionales, físicas y psicológicas, impulsada por el movimiento revolucionario. Hay que reconocer que la fiebre consumista afecta hoy a categorías sociales, particularmente en el seno de la juventud.

Existe una tensión, como en todo proyecto humano, entre las finalidades concebidas racionalmente y las resistencias opuestas por la realidad mientras que se los persigue. La renovación de las relaciones humanas, la emergencia de una nueva cultura de vida necesitan circunstancias favorables y una larga práctica. Las defectos económicos crónicos de Cuba no son de naturaleza a elevar las conciencias. La lucha cotidiana favorece la aparición de la corrupción y de diversas formas de delicuencia. Anotemos no obstante que el índice de criminalidad queda relativamente marginal para esta región del mundo. Estas carencias son inexorablemente explotadas por los medios de comunicación internacionales que reservan para Cuba un tratamiento diferenciado y contaminado por consideraciones ideológicas.

La compasión afectada hacia el pueblo cubano es dudosa cuando es comparada con la insensibilidad ordinaria con respecto a los excluidos del sistema capitalista. La prostitución en la isla es tratada sin consideración, mientras que ningún país es virgen de esta práctica ancestral. Del mismo modo, la emigración cubana es sobreexpuesta aunque se queda en medidas equivalentes a otros países del continente y esto, a pesar de la legislación del vecino del norte que incita a la emigración ilegal.

Es el análisis de las causas lo que revela con más evidencia la inversión ideológica de los que desprecian el socialismo. En un país capitalista, el pobre pasa por responsable de su condición. Esta sancionado porque el es incapaz de adaptarse al mercado. En la misma línea de pensamiento, el rico es gratificado por su utilidad social pretendida como proveedor de bienes y de trabajo. No tenemos en cuenta en este caso las condiciones sociales que definen las oportunidades. Respecto a Cuba, el raciocinio es invertido. Todas las conductas humanas son reducidas a una sola causa, un solo referente : el comunismo. La responsabilidad de la condición social es individualizada de un lado mientras que esta politizada a exceso del otro.

El objetivo de esta maniobra es claro: acusar el socialismo e incitar Cuba a “cambiar". Las fuerzas imperialistas quieren cambiar las estructuras politico-sociales de Cuba; en otros términos, quieren inyectar la poción tóxica del capitalismo a la isla.Hay un resabio colonialista en esta actitud despreciativa que pretende otorgar buenos o malos puntos.

Cuba ganó en la lucha su derecho a la autodeterminación y a su soberanía plena y entera. El pueblo cubano es el único que tiene el derecho de escoger el modo de producción y de organización social que le conviene.

El dogma burgués profetiza la caída de la revolución y usa paradójicamente de toda su fuerza para hacerla fracasar. Si el socialismo es efectivamente destinado a su pérdida, bastaría en toda lógica esperar que el sistema se derrumbe bajo el peso de sus contradicciones. Es exactamente el contrario que pasa. Una energía increíble es desplegada para debilitar económicamente y políticamente Cuba.

La estrategia imperialista consistió desde el triunfo de la Revolución en desviar su dialéctica con el fin de postular la invalidez de las tesis marxistas. Los Estados Unidos y sus aliados quieren convertir el ejemplo de la posibilidad del cambio en ejemplo contrario de la impracticabilidad del comunismo.
La existencia de Cuba es una fuente de inspiración, para todas las interés universal. Es la posibilidad de una sociedad organizada sobre un ideal de razón que está puesto en tela de juicio.

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