Alirio Montoya*
Aporrea

Para hablar de la gestación de este socialismo de la nueva era, la del siglo XXI, es necesario aclarar y dejar en evidencia que no se debe simplemente a que los acontecimientos en Seattle, Génova y Porto Alegre ocurrieron por cuestiones del azar; por circunstancias que se dieron porque así tenía que ser, o que son producto de una predeterminación metafísica que imperó a finales de la Edad Media; por supuesto que no. Hay que decir que estos acontecimientos se debieron justamente a que el sistema capitalista como tal y su más última expresión, el neoliberalismo, no lograron solucionarle los problemas a las grandes mayorías ubicadas en los países periféricos; pero además hay que tomar muy en cuenta las leyes más generales de la dialéctica marxista, en el entendido que las contradicciones del mismo sistema capitalista generaron el escenario propicio para que se manifestaran estos fenómenos a nivel mundial. El capital, dentro de su misma lógica continuó creciendo, el desarrollo de sus fuerzas productivas le imprimió al engranaje del capitalismo una mayor fuerza direccionándolo hacia una acumulación de ganancias para una minoría y un empobrecimiento de las mayorías. Este modelo económico fue concentrando la riqueza en esas pocas manos y potenciando con ello la agravación de la pobreza y falta de oportunidades de desarrollo humano. En ese sentido, Jorge Alonso nos señalaba en la década pasada que el neoliberalismo al propugnar como lo principal la obtención de ganancias y relegar el bienestar de la humanidad legitima un orden económico en el cual unos pocos se enriquecen a manos llenas y sumen en la pobreza a la mayoría de hombres y mujeres.[1] Hay en consecuencia una privación de aquellos elementos indispensables para que el ser humano se desarrolle dentro del marco de la dignidad humana. A parte de lo anteriormente señalado, el capitalismo ha tenido otra repercusión negativa en la humanidad, porque al existir concentración de la riqueza en pocas manos esto ha generado al mismo tiempo el surgimiento de guerras por la lucha del control hegemónico del mercado por parte del imperio. La guerra contra el terrorismo no es otra cosa que la guerra y expansión del mercado, los atentados del 11 de septiembre del 2001 fueron el pretexto para que el imperio justificara la invasión a Afganistán e Iraq, algo similar a lo que hizo Adolfo Hitler con el incendio del Reichstag.[2] Y ahora, esa “guerra contra el terrorismo”, se pretende a todas luces expandirla y aplicarla a los países del ALBA, baste con observar la estrategia perversa del imperio, referente a las bases militares norteamericanas que el gobierno lacayo de Uribe le ha cedido el territorio para emprender una posible invasión a los pueblos recién liberados del imperialismo, como Venezuela, Ecuador y Bolivia.
Para la superación de esas contradicciones irresueltas por el capitalismo hasta la fecha, se puede afirmar que la solución de éstas no es posible dentro del escenario del mismo sistema en sí, en el entendido de ir tratando de humanizarlo; de lo que se trata es de cambiarlo desde adentro, o con la ayuda de los movimientos sociales y políticos con clara definición antisistema, concientizando a la población. Existen quienes son de la idea que este cúmulo de contradicciones insuperables dentro del mismo sistema, tiene sus manifestaciones más perceptibles en la agudización de la pobreza, en guerras, hambrunas, y deterioro del medio ambiente; en consecuencia, Fernando Ramón Bossi nos dice que nunca antes en la historia, la supervivencia de la especie estuvo tan amenazada por el poder destructivo del capital. Es por lo tanto vital para la humanidad toda, superar, trascender el capitalismo en el menor tiempo posible; porque la alternativa que se nos presenta en el futuro cercano se reduce a la simple contradicción ‘vida o muerte’.[3] Lo anterior no será entendido fuera del marco de la hegemonía norteamericana; es decir, no se puede prescindir de esa realidad; y esa comprensión nos ha de conducir a un análisis y posterior conclusión asimilando la realidad de direccionar una lucha antisistémica. Por ello es que en los diversos movimientos sociales como en el Foro de Porto Alegre se planteó la idea de “otro mundo es posible”. Estos acontecimientos son articulados y enmarcados dentro una propuesta viable: el socialismo del siglo XXI.

En ese orden de ideas, Heinz Dieterich Steffan, uno de los tantos ponentes del socialismo de siglo XXI, comienza dándole forma a un nuevo socialismo, no descartando los aportes de Marx, sino incorporándole algunos elementos como el Nuevo Proyecto Histórico, es decir que, los esclavistas romanos, los feudalistas y los señores capitalistas, desarrollan su dominación en el marco de sus propios Proyectos Históricos que, para Marx, era similar a hablar de formación socioeconómica. Ese Nuevo Proyecto Histórico es simplemente la implementación de la democracia participativa. Nos dice Dieterich que tal coincidencia entre lo ético y, a grandes rasgos, lo práctico-funcional del comportamiento democrático de un sistema sociopolítico contemporáneo confirma que las grandes banderas de lucha política del siglo XXI sólo pueden ser la democracia participativa y la justicia social.[4] Esto nos conduce necesariamente a la compresión de la democracia participativa como herramienta fundamental para la construcción del socialismo del siglo XXI. Y el mismo Dieterich Steffan nos aproxima a la definición de la misma, explicándonos que la democracia participativa, es entendida como la decisión real de los asuntos públicos trascendentales por parte de las mayorías de la sociedad, con la debida protección de las minorías. Por el contrario, en la democracia burguesa, que es la misma representativa, las mayorías se limitan a delegar su poder a las elites partidistas, las cuales de todos es conocido que responden a intereses de la clase hegemónica; en el caso de los partidos de derecha, y en lo que respecta a las formaciones políticas de izquierda, muchas de ellas han caído en lo electoral, conformándose con estar sentados en una curul por un tiempo indefinido, olvidándose del pueblo; y en otras ocasiones se vuelven parásitos del Estado, siguiendo los mismos pasos que los políticos burgueses, quienes una vez son electos, se olvidan de quienes les han dado su mandato, sometiéndose a la partidocracia imperante en los sistemas burgueses. En la democracia participativa el pueblo tiene mayor margen de maniobra, participa de las decisiones más transcendentales como actor directo de su presente y planificación de su futuro.

Esto a su vez nos ha de llevar a la comprensión de la democracia y sus diversas manifestaciones a lo largo de la historia, por supuesto que será un somero comentario que nos ayudará a llegar a la esencia de lo que nos interesa. Rousseau fue uno de los teóricos de la democracia directa, y para él lo sustantivo es que debe existir identidad entre el sujeto y el objeto de poder; entre sus manifestaciones de este tipo de democracia tenemos principalmente a la asamblea abierta que comprende una reunión de la totalidad de los ciudadanos con derechos políticos a fin de tomar decisiones. Posteriormente se desarrolla la democracia representativa, cuyo elemento esencial es la “libertad” de elegir; por ello es que se le conoce también como democracia liberal, siendo ésta la que impera en la mayoría de países. Por el contrario, en la democracia participativa, la incidencia de la población es más importante; en esa modalidad se socializa la política por cuanto las comunidades organizadas intentan influir en las decisiones para implementar políticas públicas, tal cual sucede con los Consejos Comunales creados en la República Bolivariana de Venezuela. Su más emblemática manifestación se presenta en los referéndums, en el plebiscito y en la consulta popular.



El autor es salvadoreño, Escritor / Licenciado en Derecho

http://alimontoyaopinion.blogia.com



[1] - Jorge Alonso. “Fundamentos políticos de una alternativa a la pobreza”. http://www.insumisos.com

[2] - Reichstag significa Parlamento Alemán. El cual fue incendiado por Adolfo Hitler para justificar la invasión a Polonia en el marco del inicio de la Segunda Guerra Mundial.

[3] - Fernando Ramón Bossi. “Reflexiones sobre el socialismo del siglo XXI”. http://www.aporrea.com. 26 de mayo de 2005.

[4] - Heinz Dieterich Steffan.

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