Por Pedro Ayres
Periodista brasileño
Blog: Crônicas e Críticas da América Latina

Las últimas noticias venidas de Honduras parecen indicar que el acuerdo firmado entre el grupo golpista y el Presidente Manuel Zelaya está con todas las características de ser una variante de los golpes teóricamente planeados por Gene Sharp, del "Albert Einstein Institute". Golpes en que el factor violencia y sus resultados colaterais tienen sus efectos iguales a los que serían producidos por una "operación limpia" de la CIA y similares europeos. Esa variación del "golpe suave" fue el camino que el Pentágono, la CIA y el Departamento de Estado encontraron para solucionar un error de cálculo, que fue hacer un golpe a la antigua. Ese "Golpe Suave" aunque sólo ahora sea perfectamente tipificado, en verdad ya estaba contenido y representaba la esencia política del famoso "Plan Arias" o "el Acuerdo de San José".

Donde, aunque se sostuviera el derecho de Manuel Zelaya a la Presidencia de su país, con la restitución de su cargo, reforzaba el poder de las oligarquias golpistas, de los militares y de sus aliados externos, sea por la absurda castración de todos los poderes del presidente, sea refrendando las falsas acusaciones que los golpistas hacían contra Zelaya a través de las barrocas comisiones de verificación y de la verdad, además de suprimir cualquier tipo de participación popular del proceso y dar forma pétrea al alejamiento a cualquier veleidad reformista que surgiera del pueblo. Se puede hasta decir que es el neoliberalismo aplicado a la política, pues, al sean reducidas las cualificaciones y atribuciones del poder ejecutivo nacional, se crea la "presidencia mínima".

Como los sectores golpistas creían en la fuerza de las armas y en la capacidad manipuladora de la mídia nacional e internacional para "convencer" y controlar el pueblo, nada hicieron para dar secuencia a ese "suave" proyecto del Departamento de Estado. Un comportamiento que aguzaba más y más, no sólo las contradicciones económicas, políticas y sociales de Honduras, pero, por encima de todo, estaba creando nuevas, reales y auténticos liderazgos populares, Juan Barahona, Rafael Alegría, Bertha Oliva, Carlos H. Reyes, César Ham, etc, que a los pocos avanzaban en la construcción de un otro modo de entender y hacer política. Y esto ya estaba siendo asimilado por la masa.

Con la vuelta de Zelaya a Honduras o mejor a la Embajada del Brasil en Tegucigalpa, que fue un dato fuera de todos los parámetros golpistas, el cuadro se hizo más confuso. Aunque el "suave Acuerdo de San José" fuese una referencia política posible hasta por Manuel Zelaya, el núcleo golpista central oponía incontables restricciones y dificultades para sus desdoblamientos, en un reflexo de la clara división de poder que hoy existe en los EE.UU. El resultado fue el gradual compromiso del Ministerio de las Colonias(OEA) y del Departamento de Estado en la urgente ejecución del "suave Acuerdo" como forma de evitar que la situación ultrapasara el límite del tolerable para el imperio y aumentase el visible desgaste político de Barack Obama en la región a causa de sus vacilaciones y apoyo al Estado terrorista de Álvaro Uribe.

Así, como en un pase de mágica los tres representantes imperiales consiguieron "solventar" lo que estaba tardando meses: la legitimación del golpe, reducir Zelaya a la mínima expresión política, alejar el Frente Nacional de Resistencia Contra el Golpe de Estado de cualquiera conversación político-institucional y desmobilizar la opinión pública mundial gracias al relajamiento de las tensiones que la represión golpista creaba y estimulaba.

Es claro que para Manuel Zelaya, retenido en la Embajada brasileña y prisionero de sus principios de resistencia pacífica, poco campo de maniobra le restaba. Pedir que la población se declarase en real estado de insurreción y tentase uno contra-golpe a través de la lucha armada era algo impensable, pues, sería lo mismo que estar condenando a la muerte los patriotas hondurenhos.

Aceptar esa capitis diminutio política, aunque pudiera aparentar flaqueza y cierta tibieza, en la realidad puede significar la ampliación del formidável desnudamiento de los "principios" democráticos defendidos por el imperio y sequazes. Un desnudamiento o desenmascaramiento de la ilusión que es la democracia representativa para los intereses y derechos de los pueblos, como la actual Constitución de Honduras, la dictadura de Micheletti y el "suave acuerdo de Shannon" tuvieron la gentileza de reafirmar. O sea, aunque el Congreso hondureño postergue al máximo o nada haga en pro a la restitución de la Presidencia al Presidente José Manuel Zelaya Rosales, el patente fracaso de ese golpe servirá como línea de conducta para todas las luchas políticas que sean trabadas en la América Latina. Una o más elecciones, con apoyo o sin apoyo internacional, con las bendiciones o sin bendiciones de los Estados Unidos, no crearán legitimidad alguna para el Gobierno que pueda salir en 29 de noviembre de 2009. Y será cada vez mayor el foso entre la aplastante mayoría del pueblo de Honduras y aquellos que detienen la posesión y el control de la economía del país. El perfecto cuadro para una permanente inestabilidad institucional, aún con todas las "revoluciones coloridas y golpes suaves" que el imperio pueda propiciar.

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