Por: Ricardo Galíndez
Aporrea

El acuerdo firmado entre los representantes del presidente constitucional Manuel Zelaya y los golpistas de Michelleti, donde se plantea que la restitución del primero debe pasar por manos del Congreso Nacional y la aprobación del Tribunal Supremo de Justicia, es un duro golpe a las aspiraciones del pueblo hondureño de ver en lo inmediato la plena restitución de las libertades democráticas y de Zelaya en la presidencia con los plenos poderes que ostentaba antes del golpe.

A este acuerdo tuvieron que llegar las fuerzas golpistas con su titiritero el imperialismo norteamericano ante la imposibilidad de derrotar al movimiento de masas y lo logran por la debilidad natural de la dirección política burguesa de Zelaya, que por el terrible miedo que le infunden las masas y un posible derrocamiento revolucionario de Michelleti y su corte, prefirió acordar una vuelta al gobierno sin siquiera el “poder normal” de una presidencia en Honduras.

UN ACUERDO SOBRE UN VOLCÁN

El acuerdo por la restitución de Zelaya está antecedida de otro por una salida electoral que no trastoque los términos de la vuelta a la “institucionalidad”, pues lo fundamental es lograr reencauzar a las masas rebeldes que han saboreado las primeras mieles de la fuerza de su rebeldía y desobediencia. De poco o nada le serviría a los defensores del capitalismo este acuerdo si no logran canalizar las energías revolucionarias de las masas que paso a paso y contra la propia dirección política del zelayismo, fueron realizando una rica experiencia donde sus sectores más avanzados le perdieron “el miedo a la muerte” alcanzando derrotarlo en batallas calle por calle en algunos barrios de más de una ciudad hondureña. Todo un volcán a punto de erupción, que el acuerdo nada garantiza aplacar.

Y la tarea de domesticación no le será fácil a la burguesía pues las masas han vivido día a día su propia lucha, han vivido las limitaciones de su dirección, que no podía ser cambiada a mitad del río, porque sencillamente no se había logrado construir con tiempo, una alternativa creíble, pero que con todo, se sabe protagonista de esta salida mediatizada.

La moral está muy alta y las condiciones económicas del país, no son ni medianamente las regulares para satisfacer las necesidades del pueblo. Unas elecciones arregladas, si es que pueden arreglarlas, no serán suficientes para aplacar la conciencia de no desmejorar las condiciones de vida y trabajo, menos aún de superar las condiciones existentes. Los combates futuros se perfilan hoy.

MORAL ALTA, CON ELEMENTOS DE UNA NUEVA DIRECCIÓN POLÍTICA

La entrega de Mel si bien es un golpe a los “deseos” del pueblo, es un buen punto, junto a la actuación de diversos grupos revolucionarios que se empezaron a probar como dirección de masas, para superar la terrible carencia de un partido revolucionario que conduzca al movimiento hacia una etapa superior.

La existencia de estos nuevos elementos de dirección no superan la debilidad general de los revolucionarios, lo que impide ver con claridad la posibilidad de superar en lo inmediato la fuerza del acuerdo, pero ¿quién dice que no podemos recibir otra sorpresa, como lo fue capacidad de resistencia del pueblo hondureño ante el golpe, cuando mucho daban por plenamente perdida la pelea?

TODO ARREGLO SIGUE SUPEDITADO A LA ACTITUD DE LAS MASAS

El imperialismo si está claro. El acuerdo y unas elecciones arregladas son tan solo unas medidas en un proceso donde no tiene nada garantizado, a no ser el carácter reaccionario de la burguesía hondureña, incluyendo la dirección zelayista y las instituciones del estado burgués.

El imperialismo y la burguesía hondureña está claros de que no lograron su verdadero cometido: aplastar a las masas, es más, hoy se encuentran, con todo y acuerdo en una situación de mayor inestabilidad y explosividad social que antes del golpe del 28 de junio. Su victoria de hoy, no lo es si partimos de donde debemos, del momento que se da el golpe y de la situación social y económica que se vivía para ese momento. Pudiéramos decir que su victoria es “pírrica”.

¿Qué el ejército no está ahora en manos del presidente Zelaya? ¿Y quién ha dicho que eso importa mucho a la hora de una agudización de los enfrentamientos de clase? Sin considerar un triunfo abierto la vuelta de Mel a la presidencia, que lo es parcialmente, hoy la correlación de fuerzas entre las masas por un lado y la burguesía y el imperialismo por el otro, es mucho más favorable para las fuerzas de la revolución y esto es lo más importante a balancear por los sectores revolucionarios, pues a partir de este hecho es que se construirán las políticas reivindicativas y políticas que permitirán transitar los caminos de una revolución socialista.

Los revolucionarios del mundo tenemos que denunciar el acuerdo de Zelaya con los golpistas y el imperialismo pero desde un ángulo de una alta moral, viendo como las fuerzas de la reacción fracasaron en sus objetivos iniciales, desde el punto de vista que las piezas del ajedrez del pueblo contuvieron el ataque y han avanzado, lo cual las consolida en el escenario de resistencia a la crisis y ascenso de las masas latinoamericanas desde México hasta la Argentina, en medio de una crisis política del imperialismo que no logra recomponer su autoridad en ninguna parte del mundo y donde se avizoran nuevas derrotas como en Afganistán.

Construir direcciones revolucionarias en cada espacio del continente al calor de las necesidades y luchas de las masas explotadas y oprimidas sigue siendo la tarea concreta e histórica para los marxistas revolucionarios.

En Honduras denunciar el acuerdo y seguir luchando por el castigo a los golpistas y por una constituyente soberana y plenipotenciaria y elecciones democrática, vía al socialismo sin golpistas y sin explotación es la tarea por la que pasa el objetivo de construir la Dirección Política Revolucionaria que no existió para el momento del golpe y días subsiguientes.

HONDURAS SIGUE EN INTERROGANTE

El acuerdo firmado entre los representantes del presidente constitucional Manuel Zelaya y los golpistas de Michelleti, donde se plantea que la restitución del primero debe pasar por manos del Congreso Nacional y la aprobación de la Tribunal Supremo de Justicia, es un duro golpe a las aspiraciones del pueblo hondureño de ver la plena restitución de las libertades democráticas y del presidente Zelaya con los plenos poderes que ostentaba antes del golpe.

A este acuerdo tuvieron que llegar las fuerzas golpistas con su titiritero el imperialismo norteamericano ante la imposibilidad de derrotar al movimiento de masas, y lo logran ante la debilidad de la dirección política burguesa de Zelaya, que por el terrible miedo que le tiene a las masas y un posible derrocamiento revolucionario de Michelleti y su corte, prefirió acordar una vuelta al gobierno sin siquiera el “poder normal” de una presidencia en Honduras.

La restitución de Zelaya está antecedida de una salida electoral que no trastoque los términos del acuerdo, pues lo fundamental es lograr reencauzar a las masas rebeldes que han saboreado las primeras mieles del poder de su rebeldía y desobediencia. De poco o nada le serviría a los defensores del capitalismo este acuerdo si no logran canalizar las energías revolucionarias de las masas que paso a paso y contra la propia dirección política del zelayismo, fueron realizando una rica experiencia donde sus sectores más avanzados le perdieron “el miedo a la muerte” alcanzando derrotarlo en batallas calle por calle en algunos barrios de más de una ciudad hondureña.

La tarea de domesticación no le será fácil a la burguesía pues las masas han vivido día a día su propia lucha, han vivido las limitaciones de su dirección, que no podía ser cambiada a mitad del río, porque sencillamente no se había logrado construir con tiempo, una alternativa creible, pero que con todo, se sabe protagonista de esta salida mediatizada. La moral está muy alta y las condiciones económicas del país, no son ni medianamente las regulares para satisfacer las necesidades del pueblo. Unas elecciones arregladas, si es que pueden arreglarlas, no serán suficientes para aplacar la conciencia de no desmejorar las condiciones de vida y trabajo o mejor aún de superar las condiciones existentes.

La entrega de Mel si bien es un golpe a los “deseos” del pueblo, es un buen punto, junto a la actuación de diversos grupos revolucionarios que se empezaron a probar como dirección de masas, para superar la terrible carencia de un partido revolucionario que conduzca el movimiento hacia una etapa superior.

Por ahora no se ve la posibilidad de superar en lo inmediato la fuerza del acuerdo, pero ¿quién dice que no podemos recibir otra sorpresa, como lo fue la misma capacidad de resistencia del pueblo hondureño ante el golpe, cuando mucho daban por plenamente perdida la pelea? El imperialismo si está claro. El acuerdo y unas elecciones arregladas son tan solo unas medidas en un proceso donde no tiene nada garantizado, a no ser el carácter reaccionario de la burguesía hondureña, incluyendo la dirección zelayista y las instituciones del estado burgués. El imperialismo y la burguesía hondureña no lograron su verdadero cometido: aplastar a las masas, es más, hoy se encuentran, con todo y acuerdo en una situación de mayor inestabilidad y explosividad social que antes del golpe del 8 de junio. Su victoria de hoy, no lo es si partimos de donde debemos, del momento que se da el golpe y de la situación social y económica que se vivía para ese momento.

¿Qué el ejército no está ahora en manos del presidente Zelaya? ¿Y quién ha dicho que eso importa mucho a la hora de una agudización de los enfrentamientos de clase? Sin considerar un triunfo abierto la vuelta de Mel a la presidencia, que lo es parcialmente, hoy la correlación de fuerzas entre las masas por un lado y la burguesía y el imperialismo por el otro, es mucho más favorable para las fuerzas de la revolución, y esto es lo más importante a balancear por los sectores revolucionarios, pues a partir de este hecho es que se construirán las políticas reivindicativas y políticas que permitirán transitar los caminos de una revolución socialista.

Los revolucionarios del mundo tenemos que denunciar el acuerdo de Zelaya con los golpistas y el imperialismo pero desde un ángulo de una alta moral, viendo como las fuerzas de la reacción fracasaron en sus objetivos iniciales, desde el punto de vista que las piezas del ajedrez del pueblo contuvieron el ataque y han avanzado, lo cual las consolida en el escenario de resistencia a la crisis y ascenso de las masas latinoamericanas desde México hasta la Argentina, en medio de una crisis política del imperialismo que no logra recomponer su autoridad en ninguna parte del mundo y donde se avizoran nuevas derrotas como en Afganistán.


eltopoobrero@yahoo.es

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