Omar Rivera
Vos El Soberano

Centrar la atención del debate nacional alrededor del planteamiento que el próximo proceso electoral no cuenta con las condiciones ideales para que se celebre, es legitimar los anteriores, creer que estos fueron justos y democráticos, y olvidarnos que aquí, siempre hemos ido a ejercer el sufragio al “estilo Honduras”; esta tradición nefasta de desnaturalizar la voluntad popular ha sido un infame rito cada cuatro años, y en el concurso interno de los partidos políticos como en los comicios generales, invariablemente el poderoso tuvo el sartén por el mango y cada vez que se realizaron votaciones, las grandes mayorías fueron burladas por las autoridades del Tribunal Supremo Electoral (TSE) y por los mismos políticos, que según fue el caso, se conformaron con una parte del botín, a cambio de legitimar el espurio resultado de viciadas elecciones.

De tal forma, que si bien es cierto vale la pena atender lo coyuntural, hacer reflexiones respecto a las causas estructurales del debilitamiento del sistema democrático en Honduras, es lo pertinente y necesario.

Los últimos procesos electorales han sido marcados por la manipulación, el fraude y el encubrimiento de las autoridades, los medios de comunicación y los dirigentes de los principales partidos políticos. Los comicios internos de los principales institutos políticos y la disputa del poder cuatrienal han sido un engaño para todos aquellos que asisten a las urnas y para los que ingenuamente se presentan como candidatos sin contar con el apadrinamiento de los capos de los poderes facticos.

Desde la “magia blanca” que borro toda posibilidad de triunfo para Jaime Rosenthal en tiempos del “Gallo Colorado”, hasta el tsunami de arbitrariedades que dejaron moribundo a Miguel Pastor, la falsificación de actas de cierre y la perversa maniobra en la contabilización de los resultados, han permitido que muchos auténticos lideres quedaran fuera del Gobierno de la República y del Congreso Nacional, y otros abusivos politicastros lograran –gracias a un borrón o un teclazo- ser “electos” altos funcionarios del Estado o una curul en el parlamento hondureño.

Los magistrados del tribunal electoral del país, dominado por el bipartidismo catracho, siempre han avalado este tipo pillería comicial y las distintas instancias jurisdiccionales han –permanente y diligentemente- negado justicia a los agraviados; no ha habido donde acudir cuando se han violado derechos políticos de los ciudadanos y el “pataleo” has sido la única forma de menguar la frustración acicatear el espíritu.

Históricamente, el papel de los medios de comunicación ha sido patético, marginando la voz de los progresistas y vanagloriando a los que –cual vil instrumento de la oligarquía- representan garantía para preservar el status quo; limitadas oportunidades para los que proponen reales cambios en la sociedad y en el Estado, y todo el espacio para los que –al ritmo de una cumbia o una ranchera- embriagan al Pueblo con spots publicitarios pletóricos de mensajes torpes y vacios. De igual manera, a la hora de hacer crónica sobre los atropellos e ilegalidades, los periódicos, canales de televisión y radioemisoras, en lugar de poderse del lado de la razón y verdad, encubren el delito electoral, maquillan el fraude y hasta ensalzan al bandido.

Todo esto que ha sucedido en el pasado, acontece en el presente; claro que todos los desafueros antes mencionados, hoy están acentuados por la represión político-militar, la ausencia de observadores internacionales y la presencia en la dirección del gobierno de una banda de usurpadores; no obstante, no es cierto que de no haberse efectuado el golpe de Estado del pasado 28 de junio, el proceso electoral hubiese dejando de ser irregular, ya que siempre la conducción del mismo estaría a cargo de un ilegal y sesgado TSE, y los medios de comunicación continuarían marginando las iniciativas de avanzada.

En consecuencia, centrar el debate sobre si conviene o no realizar elecciones, con o sin la restitución de Manuel Zelaya Rosales en la Presidencia de la República, no es lo esencial; aquí lo verdaderamente fundamental es restablecer el orden constitucional y realizar las reformas necesarias para –entre otras medidas- garantizar el funcionamiento de una institucionalidad pública que vele por los derechos políticos de los hondureños, asegure igualdad de condiciones para todo aquel que participa en los procesos electorales, respete la voluntad popular y sancione a quienes infringen la Ley.


Tegucigalpa, MDC – Noviembre de 2009

Comentarios: ml_rivera@hotmail.com

Fuente: http://voselsoberano.com/v1/index.php?option=com_content&view=article&id=2683:las-elecciones&catid=2:opinion

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