Por: Cástor Díaz*
Aporrea

Le revolución bolivariana, que a la cabeza del pueblo dirige el Comandante Presidente Hugo Rafael Chávez Frías, como todo proceso de cambios encuentra resistencia, encuentra aprovechadores y también los enemigos estrategas que como el lobo se visten de ovejitas para infiltrar el rebaño y desde adentro dar la pelea en el mejor de los términos, a través de las maniobras, las zancadillas para lo cual lo primero que buscan y que generalmente logran es ganarse la confianza del líder o de sus más cercanos en el entorno para lograr sus fines aviesos.

De eso hemos vivido experiencias en este corto período revolucionario, el primero y más emblemático fue el del inefable “Pelo de oro”, que por poco logra la presidencia arrebatándosela a quién le había adoptado como un padre y de una lo hizo su mano derecha, hasta que el 11 de abril, se quitó la máscara y dio la cara de traidor como lo había sido desde sus maniobras y desviaciones cuando el incipiente Partido Comunista de Venezuela, iniciaba las gloriosas luchas, contra la oligarquía que a principios del siglo XX, se había atornillado en el poder con Juan Vicente Gómez. Tuvo una breve interrupción con el gobierno del General Isaias Medina Angarita, el presidente más democrático y con proyecto de país que registra el siglo XX, derrocado por AD – COPEI y la derecha militar, para restaurar la tiranía de la oligarquía, que después de echar del poder a Rómulo Gallegos, encontró otro gendarme en Marcos Pérez Jimenez, expulsado de Miraflores el 23 de enero de 1958, por la izquierda venezolana, que cometió el error de creer en los Tres Reyes Vagos, como le llamamos los chamos de los 60 a Rómulo Betancourt, Rafel Caldera y Jovito Villalba, en cuyas manos colocaron el poder.

Rómulo Betancourt, en su primer mensaje al país, como presidente proclamado por el Consejo Supremo Electoral en 1959, lo primero que hizo fue ordenar la segregación de los comunistas, quienes lo había traído desde su exilio dorado para entregarle el coroto, que con el acta mata voto, le trampéo a su futuro compañero Wolfgan Larrazabal y que tanta sangre y tortura costó a los militantes del PCV su conquista de manos del tirano de Michilena. En esa treta anticomunista también estuvo el “Pelo de oro”, como Secretario Nacional de Organización y Diputado al Congreso de Unión Republicana Democrática (URD).

Luego tuvimos al jefe del “Comando habla mucho”, que durante sus histéricas intervenciones en “defensa” de la revolución y del Comandante Chávez,en la Asamblea Nacional, bañó su curul con lágrimas de cocodrilo, retó a duelo a voceros de la oposición que atacaban al gobierno. Surgió el Comando Ayacucho, .había hecho méritos para ganarse su jefatura, no cumplió con la tarea encomendada y por eso lo llamaron popularmente “Comando habla mucho”, porque su presidente se volvió, bla, bla, bla. Pero lo aprovechó para imponer reelecciones a su conveniencia de alcaldes y otros cargos de elección popular. Hoy lo tenemos en la acera del frente después de saltar la talanquera, como showman en Globovisión, recibiendo órdenes y dinero de la NED y la USAID. El flamante jefe de diputados de PODEMOS.

Luego vino el héroe de Maracay, hizo de todo,era el primer chicharrón defendiendo el socialismo en los Aló Presidente, logró sus tres soles dorados y el Ministerio de la Defensa y hasta allí llegó la lealtad y la devoción revolucionaria, se abrió y ahora apuesta al golpe de estado.

Ahora vienen los que están muy cerca de la revolución. ¿ Será que también van a lograr sus propósito?

Recordemos al Ché Guevara que sentenció:- "los términos medios son la antesala de la traición".

Esta revolución tiene millones de seguidores, pero muchos son emocionales y es necesario macerar, templar, amalgamar ese sentimiento para que cada uno de los seguidores y comprometidos con el proceso lo hagamos no con emoción, sino con vocación, principio y corazón revolucionario y sobre todo los obreros y los campesinos, los estudiantes organizados, las amas de casa y los vecinos organizados en frentes de lucha y defensa de la revolución, por aquello que repetía Augusto César Sandino: "Solo los obreros y los campesinos irán hasta el fin, solo la fuerza organizada logrará el triunfo".

La clase obrera, el proletariado como lo plantearon Karl Marx y Federico Engels, en el Manifiesto del Partido Comunista, son la vanguardia de la revolución, porque es la clase auténticamente revolucionaria. La conciencia, la preparación para la lucha y la capacitación para el poder debe llevarnos a la idea leninista de que: “Cada ama de casa debe estar preparada para dirigir el estado.

La lucha no puede desviarse hacía lo meramente electoral para que los aprovechadores y los cercanos sigan viendo en la revolución la piñata para el disfrute.

La lucha debe estar dirigida a fortalecer la organización al fortalecimiento de los frentes populares: obrero, campesino, estudiantil, amas de casa, vecinos, profesionales, promotores culturales y todo lo que sea organización de base, para que no nos vuelvan a sorprender crisis como la eléctrica, porque el presidente Hugo Chávez, necesita tener ojos y oídos en todos y cada uno de los segmentos de la sociedad revolucionaria, porque no es un mago, para estar en todas partes y al mismo tiempo ver de lo que adolecemos.

Los Consejos obreros, campesinos, estudiantiles, comunales, culturales y de toda índole, tienen que ser defensores de la revolución, a través de la contraloría social y las redes comunicacionales comunitarias para denunciar las irregularidades y las negligencias que las instancias partidistas no se atreven a denunciar por temor a la descalificación a que les someten los vividores de la revolución que se disfrazan de rojos, rojitos para pescar en río revuelto.

Esta fauna hay que denunciarla, porque la revolución requiere de comprometidos no involucrados. A la hora de sentarse a la mesa a disfrutar la cena navideña, hay que establecer la diferencia entre el compromiso del cerdo y el involucramiento de la gallina que puso el huevo para torta, en ese banquete.

Tenemos que estar alertas, desconfiados y en movimiento, para que no se repitan, los pecados de la revolución.


Periodista*
cd2620@gmail.com cadiz2021@yahoo.es

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