Editorial Diario Tiempo, 25 de noviembre de 2009

La actitud del gobierno de facto respecto a las elecciones es contradictoria. Llama a todo el mundo a votar, pero en el fondo tiende a crear el pánico colectivo, como si su objetivo fuera disuadir a los electores de ir a votar, por lo menos a los ciudadanos contrarios a la dictadura militar.

Mientras eso ocurre en la realidad hondureña, el portavoz del Departamento de Estado de los Estados Unidos, Ian Kelly, afirma que todo es normal en el proceso electoral hondureño, puesto que éste fue preparado antes del golpe de Estado del 28 de junio y se desenvuelve en un clima de libertad y transparencia.

Sin embargo, el aparato oficial para las elecciones del próximo domingo indica un estado de violencia e histeria gubernamental nunca antes visto en las vísperas de la votación, lo cual comenzó a manifestarse con la militarización del proceso mediante la utilización de la totalidad de los efectivos militares y policiales (16,000 y 14,000, respectivamente), más 5,500 reservistas militares como “custodios” electorales.

A esto se le ha agregado la declaratoria de un estado de emergencia nacional “para todas las actividades relacionadas con el proceso de las elecciones generales”. Por supuesto, esta emergencia implica la aplicación de mucho dinero. Algo así como un negocio de emergencia.

En efecto, el decreto ejecutivo pertinente hace a un lado la Ley de Contratación del Estado, y autoriza “a la Secretaría de Defensa Nacional, para que pueda contratar directamente todo lo relacionado con la adquisición de materiales, equipos y suministros para las operaciones militares destinadas a garantizar el libre sufragio, la custodia, transporte y vigilancia de los materiales electorales”.

Asimismo, el gobierno de facto ha elaborado y distribuido entre los “funcionarios nacionales y sus dependientes” –lo que sin duda incluye a los miembros de la organización golpista Unión Cívica Democrática un instructivo en el que les indica que, en los días previos y durante el día de las elecciones, “no hagan comentarios políticos de ninguna índole”. Además, entre otras recomendaciones están las siguientes:

Aseguren tener comida y bebida para dos o tres días de permanencia en su hogar y los medicamentos para quienes así lo necesiten.

Tenga a mano teléfonos de policías, bomberos y ambulancias.

Si debe desplazarse a otra ciudad o pueblo para votar, hágalo con la debida antelación de acuerdo a las recomendaciones que se emitan al respecto y regrese cuando ello sea autorizado por su director o puesto focal de seguridad.

No se permitirán desplazamientos dos días antes, durante y hasta dos días después de las elecciones entre ciudades.

Si por alguna situación es detenido por la policía o los militares, acate sus decisiones, solicite hablar con el jefe del retén para las explicaciones pertinentes y pida llamar al Radio Room TE 220 1269 o a su puesto focal de seguridad.

La pregunta es ¿a qué tanto miedo? ¿A la resistencia contra el golpe de Estado, que no tiene ni un alfiler en los bolsillos, o a una supuesta reacción de los militantes del partido que se sienta derrotado por un monstruoso fraude electoral? ¿O es para manipular el “financiamiento de seguridad electoral”?

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