Combo económico: Dona Glaseada con ignorancia e hipocresía + café

Por Alma Lagos

Siguiendo con nuestra feria gastronómica y sacada del mismo restaurante -El Capitalista- de donde sacamos el plato del día: Burla con salsa capitalista, he aquí otra historia para comer, digo, para leer.

Hace un tiempo atrás, cuando recién empezaba mi nuevo trabajo, hubo una mañana que me mostro como podemos ser ignorantes e hipócritas, todo el combo en una misma persona a la misma vez. Esa mañana opte por parar en un establecimiento de esos que son ideales para hacernos ganar peso y para hacerle perder “pesos” al gobierno evadiendo el fisco. El caso es que me detuve para comprar mi desayuno. Pedí una gran dona glaseada y un café negro tamaño desvelo que luego me ayudaría a mantenerme despierta durante el día.

Iba entrando yo a mi nuevo empleo (llevaba algunos días trabajando allí), ansiosa de devorar egoístamente mi dona que como todo lo que no conviene era lo suficientemente deseable como para no dejarla en el carro y regresar por ella, así que preferí cargarla junto con el café un tanto torpemente. Sin darme cuenta, tenia a mi jefe al lado mío quien se había acercado para darme una sentencia: “Alma, aquí no se permite entrar con comida de _______________(menciona el nombre evasor del fisco en donde había comprado mi desayuno), por hoy esta bien porque no le había informado, pero que no se repita por favor.”.

Mi deseo por la rueda comestible mermo, el café ya no fue necesario para dejar de bostezar, pero mi curiosidad por tal política, exponencialmente se multiplico. Así que de inmediato hice gala de mi carácter poco sumiso para preguntar cual era la razón de tan original política de la empresa? Casi estaba segura que la respuesta iba a tener relación con la empresa competidora por saquear los bolsillos de los tontos consumidores como su amiga la come donas. Pero la respuesta que me dio mi entonces jefe me dejo perpleja.

“El ex gerente general solía traer todos los días desayuno de ese lugar y el dueño de la empresa no lo vio correcto luego de sumar los costos de comprar desayunos durante un mes y darse cuenta que el gerente gastaba mas en desayunos que lo que ganaba un operario en el mismo lapso de tiempo. Pensando en ellos (en los operarios) se tomo esa decisión, espero nos comprenda”.

No dije una sola palabra, pero por la forma en que lo vi, no fue necesario. Mi mirada con ojos achinados pero bien abiertos de asombro, mi boca entreabierta y mi sistema respiratorio en shock, obvió lo que mi boca quiso preguntar al mismísimo estilo americano: Are you kidding me? (¿estas bromeando?)

Mi exjefe leyó mi mirada, creo que fue difícil para el explicar esa “justa política”. Un hombre estudiado en el extranjero sabe que eso es lo más ridículo que puede decir. No le quedo más remedio que gesticular con su boca una sonrisa horizontal de labios cerrados bien apretados y marcho. Yo lo veía partir tratar de hallar una lógica en todo lo que dijo, pero mi mirada giro lentamente al escuchar que alguien, testigo de tan absurda explicación exclamo: “Buen hombre el dueño, pero medio comunista”.

Considerando la confianza ya ganada con el colega y mis pensamientos generando sinergia, esta fue mi respuesta: el objetivo del comunismo no es que todos comamos mierda. Tampoco estamos pidiendo nada regalado, nada gratis. El comunismo grita JUSTICIA SOCIAL, y eso significa que luego de sumar los desayunos del mes y llegar a tan nefasta conclusión, se procede hacer un análisis de salarios y aumentarle a los operarios (que en este tiempo, junio-2009 y actualmente devengan L.3, 600.00). No te das cuenta de la gran brecha que hay entre los operarios y el director? Y eso pasa en todos lados en Honduras. Acaso eso es justo? Te parece que los empleados merecen vivir siempre sin dignidad? No se, pero a pesar que no han estudiado, yo sigo comunicándome con ellos a través del habla, los veo caminar como yo, sentir como yo, si, no me cabe duda que son humanos. Creo que lo último que dije casi murmurando al mismo tiempo que marchaba no lo escucho: Londres y su maquina de vapor deberían ser historia.

Hondureños, hay una mala interpretación de lo que es justica social. Me consta que esos operarios no pueden ser tachados de haraganes, vagos o poco pensantes. Trabajan 12 horas durante 5 días a la semana, bajo condiciones alejadas del código del trabajo y del irónico llamado “libro negro de seguridad”. Negro porque quizás es profeta de lutos por incidentes laborales. Estos operarios trabajan bajo extremas condiciones para poder ganar algo de dinero, más o menos L.5500.00. Esto para debe alcanzarles para desayunos, almuerzos y cenas no solo de el, sino de su familia, donde muchas veces incluimos al abuelo y a la abuela. Hay que desgracia! casi olvido que también debe alcanzar, para pagar el cuarto, pasajes de autobús, la cuota del estafador a cambio de un electrodoméstico. Útiles, meriendas y uniformes de los cipotes. Ropa, agua, luz, teléfono, la loto o la mayor, esperanzados en que la suerte cambie, porque esperar a que su jefe genere mejores políticas laborales, es menos probable que ganarse la lotería.

Insisto, no estamos pidiendo nada gratis, queremos ganarnos con el sudor de nuestra frente el pan o mejor dicho, la tortilla que comemos. Nadie esta pidiendo regalado. No hagamos conclusiones ni pretendamos ser buenos samaritanos creando política hipócritas y tontas disque en beneficio de los empleados. Esa política no ayuda en nada, en nada, a los operarios. Desarrollar sus habilidades, brindar capacitaciones y pagar lo justo, eso si ayuda.

Tú, capitalista, te pregunto: ¿Si todos participamos haciendo mejor lo que podemos hacer para generar capital porque no todos podemos disfrutar dicho capital?

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